Editorial SNE

Destruir

JUNTA DIRECTIVA DE LA SOCIEDAD NUCLEAR ESPAÑOLA (SNE)

Llevamos mucho tiempo hablando del calendario de cierre (acordado, cierto, pero en un contexto que nada tiene que ver con el actual) de las centrales nucleares, de la necesidad de cerrar las nucleares, etc. Quizá ha llegado el momento de poner en evidencia que detrás de esta intención se esconde un ejercicio no suficientemente reflexionado o, quizá sí, deliberado, de destrucción.

Cerrar, apagar o dejar fuera de servicio, podemos ponerle la cara que queramos, significa, en realidad, destruir un recurso que tenemos operativo, destruir una capacidad de generación eléctrica que se está demostrando a día de hoy eficaz y que continúa teniendo una presencia real en la producción eléctrica de este país (alrededor de un 20 % del total el pasado año era de origen nuclear). Significa destruir alrededor de 30.000 puestos de trabajo, una parte de ellos de alta calificación y especialización. Se traducirá sin lugar a duda en debilitar enormemente, si no destruir, un tejido empresarial que es el de todas las empresas de servicios que han ido creciendo y desarrollándose alrededor de la operación de las centrales nucleares. Degradará (y la experiencia y la realidad del entorno de la desmantelada José Cabrera así lo confirman) comarcas enteras de esa parte del país que tanto hablamos de proteger, de la llamada “España vaciada”.

Cerrar como sinónimo de destruir y de hacerlo sin una razón real, sólida y además verídica. La continuidad de la operación de las centrales nucleares ayuda a la contención de precios, contribuye a la estabilidad de la red eléctrica española y, aunque algunos se empeñen últimamente en llevar el discurso hacia esa falsa dicotomía, forma un tándem perfecto con las renovables para sumar, para disponer de una autonomía y una solvencia energética que se está demostrando más necesaria que nunca.

El mundo está en un momento incierto y complejo. La sociedad anhela profundamente certidumbres. La energía nuclear es, a fecha de hoy, una certidumbre clara en España, con siete reactores que funcionan y entregan cada día a la red una parte significativa de la energía que nos permite vivir y crecer. Lo puede seguir siendo. De hecho, la industria ha dicho que está preparada para ello, pero falta que la voluntad política y la toma de decisiones se encaren en la misma dirección.

Diversidad es sinónimo de garantías y de riqueza. Cerrar es sinónimo de destrucción.

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