El hilo conductor de la jornada fue una idea compartida por todas las intervenciones: la resiliencia no se improvisa cuando aparece una emergencia. Se construye antes, mediante el diseño, la ingeniería, el entrenamiento, la experiencia operativa, la cultura de seguridad, la modernización tecnológica y la cooperación entre organizaciones. En el contexto actual, esta visión adquiere un valor especial. El cambio climático incrementa la frecuencia e intensidad de determinados fenómenos extremos; la transición energética modifica la estructura del sistema eléctrico; la penetración de renovables variables exige nuevas capacidades de estabilidad y flexibilidad; y la digitalización abre oportunidades, pero también introduce nuevos condicionantes técnicos y organizativos.

El papel de la energía nuclear en el sistema eléctrico
Las trece ponencias presentadas permitieron abordar el tema desde una perspectiva amplia. Se analizaron las prioridades energéticas europeas, marcadas por la seguridad de suministro, la competitividad industrial y la soberanía estratégica; la evolución del sistema eléctrico español y de sus mercados; el papel de la energía nuclear como tecnología firme, gestionable y libre de emisiones directas de CO₂; y las necesidades de estabilidad, control de tensión, inercia, reservas y servicios complementarios en un sistema con mayor participación renovable.
El cero eléctrico del 28 de abril de 2025 ocupó un lugar central en el debate. La experiencia de las centrales españolas y, en particular, la secuencia vivida en Vandellós II, permitió examinar la respuesta de una instalación nuclear ante la pérdida de suministro eléctrico exterior, la actuación de los sistemas de seguridad, la aplicación de los procedimientos de emergencia y las lecciones identificadas. Entre ellas destacaron el valor del entrenamiento periódico, la robustez de las organizaciones de respuesta y la necesidad de reforzar determinados sistemas de comunicación y soporte durante emergencias prolongadas.
Ingeniería y digitalización para anticipar riesgos
La jornada mostró también el papel de la ingeniería como herramienta esencial para adaptar las centrales a nuevos retos. Se presentaron ejemplos de mejora frente a eventos hidrológicos, control térmico de vertidos, pretratamiento de agua ante turbidez elevada, sustitución de sistemas HVAC con nuevos requisitos ambientales, estudios de operación flexible, fabricación avanzada, servicios en planta, digitalización, modelos predictivos y gemelos digitales. Estas capacidades permiten anticipar desviaciones, reducir incertidumbres y apoyar decisiones operativas con mayor fundamento técnico.
Un proceso continuo de preparación y mejora
Finalmente, se abordaron soluciones de futuro, como el almacenamiento energético de larga duración y su integración con generación nuclear y renovable, así como la necesidad de mantener una colaboración estrecha entre operadores, regulador, industria, ingeniería y organizaciones internacionales. La principal conclusión fue clara: la resiliencia nuclear es un proceso continuo. No se limita a resistir un evento extremo; implica prepararse, responder, aprender y mejorar de forma sistemática para seguir contribuyendo a un sistema eléctrico seguro, fiable y descarbonizado.




