Juan Antonio Monleon

Juan Antonio Monleón

DOCTORANDO EN EL ASNR EN PARÍS (FRANCIA)

Textos y fotografías: Juan Antonio Monleón

Juan Antonio Monleón desarrolla actualmente su doctorado en París, en la Autorité de sûreté nucléaire et de radioprotection, ASNR, organismo surgido a comienzos de 2025 de la fusión entre el antiguo IRSN y la autoridad francesa de seguridad nuclear, ASN. Su investigación se centra en el estudio de la fluencia neutrónica que reciben las vasijas de los reactores nucleares y en la cuantificación de las incertidumbres asociadas a estas simulaciones, un ámbito especialmente relevante en el contexto actual de extensión de vida de las centrales nucleares.

Formado en la Universidad Politécnica de Madrid, con experiencia previa en ENUSA y en el centro belga SCK CEN, Juan Antonio comparte en esta entrevista su trayectoria académica y profesional, su experiencia internacional y su visión sobre las oportunidades que ofrece salir al extranjero en el sector nuclear.

Para empezar, ¿podrías contarnos cuál fue tu formación académica y cómo acabaste orientándote hacia el ámbito nuclear?

Inicialmente comencé estudiando Ingeniería de Telecomunicación en la Universidad Politécnica de Madrid. Estuve dos años, pero al terminar el segundo curso me di cuenta de que aquello no era realmente lo que más me gustaba. Por eso decidí cambiarme a Ingeniería Industrial, también en la Politécnica.

Durante el grado hice la rama de Técnicas Energéticas. En ese momento mi idea inicial no tenía nada que ver con el sector nuclear, pero cursé un par de asignaturas relacionadas con esta área que me gustaron mucho. Aquello me motivó a solicitar el doble máster que ofrece la UPM, que combina el Máster en Ingeniería Industrial con el Máster en Ciencia y Tecnología Nuclear.

Por separado, ambos másteres supondrían tres años, pero existe la posibilidad de hacerlos en dos mediante convalidaciones de algunas asignaturas. Solicité la admisión, me aceptaron y finalmente cursé ese doble máster.

¿Qué fue lo que despertó tu interés por el área nuclear? 

Creo que fue una combinación entre las asignaturas y los profesores. Las materias me llamaron la atención, igual que también me interesaban otras asignaturas relacionadas con la energía. Pero el Departamento de Ingeniería Nuclear de la UPM cuenta con muy buenos profesores, capaces de transmitir mucho interés por la materia y de motivar a los alumnos.

En mi caso lo consiguieron. Fueron ellos, junto con esas primeras asignaturas, quienes me animaron a dar el paso y apuntarme al doble máster en Ingeniería Industrial y Ciencia y Tecnología Nuclear.

Durante el máster, ¿tuviste alguna experiencia que consolidara ese interés?

Sí. Durante el doble máster hice seis meses de prácticas extracurriculares en ENUSA. Fue una experiencia más orientada a la ingeniería que a la investigación, pero me permitió tener un primer contacto profesional con el sector.

Después de los dos años de clases, hice un tercer año dedicado a los trabajos fin de máster. Para uno de ellos realicé una estancia de prácticas en el SCK CEN, el centro de investigación nuclear de Bélgica. Tuve la oportunidad de ir allí junto con otros compañeros del máster para desarrollar el trabajo fin de máster en temas de investigación.

Esa fue la primera vez que estuve realmente dentro del mundo de la investigación: pude ver cómo funciona, qué tipo de trabajo se hace y cómo es el día a día en un centro de este tipo. Me gustó bastante. Tras esos nueve meses en Bélgica, durante el verano trabajé por mi cuenta en el otro TFM que me quedaba, también en temas relacionados con nuclear, aunque de forma más independiente.

¿Cómo llegaste después a tu primer puesto profesional?

Mientras estaba en Bélgica, uno de los investigadores del centro me hizo llegar varias ofertas de doctorado. Hubo una que me llamó especialmente la atención porque estaba bastante relacionada con lo que yo había estado haciendo durante las prácticas. Era una línea vinculada a la neutrónica, que ya era un tema que me interesaba.

La oferta era en París, en el entonces IRSN. Presenté mi candidatura, pasé por varias entrevistas y finalmente me aceptaron. Así fue como empecé el doctorado en París, en el IRSN, que posteriormente se integró en la actual ASNR.

¿Por qué decidiste que esa oportunidad en París era el siguiente paso adecuado?

Lo primero fue que la investigación me había gustado mucho durante el trabajo fin de máster. Tenía bastante claro que quería seguir en ese ámbito y, en ese momento, no me atraía especialmente el mundo de la industria.

Además, la experiencia de vivir fuera de España me había parecido muy positiva. Una vez que ya estás fuera, resulta más sencillo continuar en otro país que dar el paso directamente desde tu ciudad o desde tu entorno habitual. Quise aprovechar esa inercia y empezar el doctorado en París.

París, además, es una ciudad que me llamaba mucho la atención. Es una ciudad muy bonita y también me ofrecía la posibilidad de mejorar mucho mi francés. Yo había estudiado francés en el colegio y tenía una base, pero sabía que vivir y trabajar allí durante el doctorado me permitiría avanzar mucho en el idioma. Para mí eso era un valor añadido importante.

¿Cuánto tiempo llevas en tu puesto actual y en qué consiste tu investigación?

Actualmente llevo dos años y medio en el puesto y estoy ya en la fase final del doctorado. En Francia los doctorados suelen durar tres años y, en general, se ajustan bastante a ese plazo. Mi defensa está prevista para octubre de este año, y ese mismo mes terminará también mi contrato.

Mi investigación se enmarca en el estudio del envejecimiento de las vasijas de los reactores nucleares. En concreto, estudio la fluencia neutrónica que llega a las vasijas y las incertidumbres asociadas a las simulaciones que se realizan para estimarla. El objetivo es poder predecir, con márgenes de seguridad adecuados, cuál es la fluencia de neutrones recibida por la vasija y caracterizar mejor el impacto que tiene sobre el material.

La vasija es uno de los elementos principales que pueden limitar la extensión de vida útil de un reactor nuclear. Este es un tema muy actual, tanto en Francia como en España. La vida de diseño de muchos reactores era inicialmente de 40 años, pero eso no significa necesariamente que esa sea su vida útil máxima. Si se realizan los estudios adecuados, esa vida puede extenderse.

En Francia, la edad media de los reactores está en torno a esos 40 años, por lo que muchas centrales están inmersas en revisiones y cálculos para determinar si es posible prolongar su operación. Mi trabajo se sitúa dentro de ese contexto. Trabajo en el ámbito de la neutrónica y también con datos nucleares, especialmente en la propagación de incertidumbres desde esos datos hasta las respuestas obtenidas en las simulaciones.

¿Cómo es tu día a día de trabajo?

Mi día a día es el de un trabajo de investigación, centrado sobre todo en la parte simulacional. No realizo experimentos directamente ni trabajo en instalaciones experimentales, aunque sí utilizo resultados procedentes de experimentos.

Trabajo con códigos de transporte de partículas, tanto deterministas como de Monte Carlo. A partir de ellos realizo simulaciones, análisis de sensibilidad y propagación de incertidumbres. Todo ello exige también un trabajo importante de documentación: registrar adecuadamente lo que se hace, los avances obtenidos y los resultados.

Además, está la escritura de la tesis. Aunque hago el doctorado en la ASNR, estoy asociado a la Universidad Paris-Saclay, y mi escuela doctoral exige publicar al menos un artículo. Por tanto, también dedico tiempo a preparar publicaciones, revisar resultados y responder a comentarios.

Otra parte relevante del trabajo es participar en congresos y realizar presentaciones. También existen grupos de trabajo internacionales, muchas veces impulsados por la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE, en los que investigadores de distintos países se reúnen para avanzar en temas concretos. Como parte de mi investigación se solapa con algunos de esos proyectos internacionales, también colaboro en ese tipo de actividades.

¿Qué aspectos valoras más de tu trabajo actual?

Lo primero es todo lo que se aprende. El mundo nuclear es muy amplio y, aunque cada uno acaba trabajando en temas muy específicos, el aprendizaje es constante.

Pero lo que más valoro es la colaboración internacional. Me parece muy enriquecedor poder conocer a gente de muchos países, trabajar con investigadores de distintos centros y construir una red de contactos profesional. Esa dimensión internacional es, para mí, una de las partes más valiosas de esta experiencia.

Más allá de lo profesional, ¿cómo viviste el traslado a París?

Creo que la adaptación fue bastante buena. Venía de pasar nueve meses en Bélgica, así que el cambio no fue tan brusco como podría haber sido si hubiera salido directamente desde España.

París es una ciudad muy bonita, y tengo la suerte de vivir en un barrio muy agradable, con mucho comercio local. No es una zona turística, pero está cerca del centro, lo cual hace que la vida diaria sea cómoda.

En el trabajo tampoco he tenido ningún problema. La gente ha sido muy amable conmigo. Es cierto que hay diferencias culturales entre españoles y franceses, y a veces se notan, pero en general me he encontrado con personas muy agradables y la experiencia ha sido muy positiva.

¿Qué echas de menos en España?

Sin duda, el clima. Echo de menos tener más meses de calor y más sol. También a mi familia y a mis amigos, y por supuesto, la comida. En Francia se come bien, pero no es comida española. 

Juan A. Monleon

¿Y qué aspectos valoras especialmente de vivir y trabajar en Francia?

Lo primero es la oportunidad de conocer un país distinto y hacerlo en profundidad. No es lo mismo visitar un país que vivir en él, trabajar allí y entender mejor su cultura y su forma de funcionar.

También valoro mucho haber podido mejorar el idioma. Aprender francés en un entorno profesional y cotidiano es algo que considero muy positivo.

En el ámbito profesional, París ofrece oportunidades muy interesantes. Al estar allí, tengo acceso a muchas actividades del sector nuclear. Por ejemplo, la sede de la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE está en París, y eso facilita asistir a cursos, reuniones, conferencias y grupos de trabajo. Estando en otra ciudad, ya fuera en España o en cualquier otro país, sería mucho más complicado participar en todas esas actividades con tanta facilidad.

Con tu experiencia, ¿recomendarías a jóvenes profesionales del sector nuclear que busquen oportunidades fuera de España?

Es una decisión muy personal y cada uno tiene que valorarla según sus circunstancias. Pero mi consejo sería que, si alguien se lo puede plantear y se lo puede permitir, lo haga. Que no deje de hacerlo por miedo.

Las oportunidades y el aprendizaje que se obtienen estando fuera son, en mi opinión, muy superiores a lo que habría vivido quedándome en España. Además, a largo plazo siempre existe la posibilidad de volver. De hecho, mi intención es volver a España en el futuro. No sé si será justo al terminar el doctorado, un par de años después o más adelante, pero sé que a largo plazo quiero volver, porque en España se vive muy bien y allí están mi familia y mis amigos.

Desde las prácticas en Bélgica hasta ahora, siento que salir fuera me ha abierto muchas posibilidades que no habría tenido de otra manera. Seguramente habría encontrado otras oportunidades quedándome, pero creo que las que se abren con una experiencia internacional son especialmente ricas.

Entiendo que ahora mismo sea tentador incorporarse directamente a la industria, porque hay bastante trabajo en el sector nuclear en España y muchos estudiantes que terminan el máster pueden empezar a trabajar enseguida. Pero esa opción seguirá estando ahí. Hacer unas prácticas fuera, una estancia o una experiencia internacional permite conocer a más gente, descubrir métodos de trabajo distintos y ampliar mucho la perspectiva profesional.

Mirando hacia adelante, ¿qué camino te gustaría seguir cuando termines el doctorado?

Me gustaría seguir en el ámbito de la investigación nuclear. No me veo especialmente trabajando en la industria, aunque nunca se puede decir nunca. No es lo que más me llama la atención ahora mismo.

Cuando uno se acerca al final del doctorado suelen empezar a surgir ofertas de postdoctorado, y muchas de ellas están fuera de España. También existe la posibilidad de volver a España, pero tengo la sensación de que, si quiero hacer un postdoctorado fuera, el momento es ahora, justo al terminar la tesis.

No descarto hacer un postdoctorado en el extranjero, idealmente en Europa, quizá en Francia, Suiza u otro país europeo. También sé que hay oportunidades en Estados Unidos o Japón, aunque todavía tengo que valorarlo bien.

A largo plazo, en un horizonte que no imagino mucho más allá de dos años, me gustaría volver a España para desarrollar allí mi carrera. Me atraen tanto la investigación como la universidad. Sé que el camino universitario es más difícil, porque depende de que haya plazas disponibles y de muchos otros factores, pero si en el futuro pudiera orientarme hacia ahí, me encantaría.

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