- Nombre y apellidos: Heliodoro Sújar Moraga.
- Cargo o responsabilidad actual: Coordinador de Programa Técnico Científico.
- Empresa en la que trabaja: Tecnasa S.L.
- Formación: Diplomado en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid.
¿Cuántos años llevas en tu actual puesto de trabajo y cuáles son tus actividades principales? ¿Qué te motivó a llegar al puesto que desempeñas?
En septiembre de 2025 cumpliré 8 años en Tecnasa desde que tuvieron la osadía imprudente de ficharme para intentar mitigar los desastrosos efectos de la jubilación de un gigante en este mundo de la caracterización radiológica y su instrumentación como es Carlos Pérez, socio fundador de la empresa y eterno peregrino por centrales nucleares, universidades y centros de investigación. Por aquel entonces llevaba 26 años de funcionario en el Ciemat, donde él acudía con mucha frecuencia a enseñarme sus últimos desarrollos y a probar programas conmigo. Cuando le faltaban dos años para su jubilación entré en Tecnasa y de su mano fui haciéndome cargo del trabajo que realizaba. Es cierto que él ya venía tentando tiempo atrás a mi entorno familiar con la posibilidad de dar el salto a la empresa privada y que supuso un verdadero desafío plantearme una excedencia indefinida con 54 años. Lo que principalmente me frenaba era el famoso “síndrome del impostor” que me hacía parecer muy pequeñito a su lado. Me hizo decidirme finalmente un sentido de lealtad a su amistad y enseñanza y por supuesto contar con el apoyo familiar ante la nueva situación.
El cometido de Tecnasa es suministrar componentes y equipos para la medida, análisis y caracterización radiológica en cualquiera de sus vertientes y equipos para protección radiológica. No puedo destacar actividades principales porque la variedad y diversificación son enormes. Cada día es un desafío de llamadas, consultas, propuestas de proyectos, etc., desde centrales nucleares, centros de investigación, laboratorios, y de otros muchos que están dedicados a cualquier cosa que se relacione con la radiactividad.
En general tras el suministro de cualquier equipo o componente queda la labor de apoyo técnico, asesoramiento y desarrollos personalizados para los productos que se suministran tanto en el mundo nuclear como en el mundo de la medicina.
Lo más interesante de tu trabajo… ¿algún hito que te gustaría destacar?
Las labores de asesoría y formación son continuas y constituyen una de las partes más satisfactorias de lo que hacemos continuamente. Además, con los cambios informáticos de estos últimos años se ha producido un desafío interesante en la implementación y personalización de aplicaciones para cada una de las necesidades (desclasificación, automatización, controles de vertidos, vigilancia radiológica, protección radiológica, etc.).
La implementación de aplicaciones personalizadas supone una enorme satisfacción cuando conseguimos dar respuesta a necesidades o propuestas del sector. Personalmente siempre me causa mucha satisfacción ver cómo se automatizan trabajos arduos o se combina la mecánica y motores con aplicaciones de medida y análisis que no sólo evitan las dosis sino que minimizan los errores en los procesos.
Lo más gratificante de tu día a día en el trabajo…
Lo más gratificante cada día es el trato con la gente a dos niveles. Internamente en Tecnasa me encontré con un equipo fenomenal siempre dispuesto a echar una mano en cualquier ayuda que se pueda prestar y sin los conflictos que parecen inevitables en cualquier empresa. Externamente, con la gente del sector a los que tratamos, he tenido la oportunidad de conocer a gente extraordinaria.
No puede olvidarse que contar con todos los medios disponibles en el día a día, así como la libertad de funcionamiento, nos hacen ser muy dinámicos y efectivos pese a ser una empresa pequeña pero que a mí siempre me ha dado la impresión de estar en muchas partes y conocida por mucha gente del sector.
¿Qué te ha llevado al sector nuclear? ¿Y cuál fue la reacción de tu entorno ante tu decisión? ¿y ahora?
En realidad fue una carambola, como casi todo en nuestras vidas. Allá por el año 91 del siglo pasado (¡¡uf!!) aprobé una oposición libre de especialista técnico de investigación del Ciemat. Entramos como funcionarios unas 26 personas, creo recordar, y a la hora de elegir destinos en un organismo tan diverso, yo opté por una plaza de laboratorio que era lo que me gustaba y se me daba mejor. Resultó ser el laboratorio de análisis radioquímicos de lo que entonces era el Instituto de Tecnología Nuclear y allí aprendí radioquímica y me aventuré en el mundo de la radiactividad. De analizar resinas de intercambio y concentrados de evaporador de centrales nucleares para el proyecto de Enresa de cálculos de factores de escala, pronto pasé a los métodos no destructivos para análisis de bidones de residuos y se abrió ante mí el inmenso mundo de la espectrometría gamma, de grandes cambios tecnológicos en aquellos momentos. Ahí conocí a Carlos Pérez de Tecnasa que entonces estaba aprendiendo (y yo con él) a programar en una nueva plataforma de Visual Basic que había desarrollado Microsoft. Hicimos grandes avances en la automatización de la espectrometría gamma aplicada a laboratorios o a métodos no destructivos.
Con el paso del tiempo conseguí promocionar internamente al grupo A2 y todo parecía estable y tranquilo con labores cotidianas bastante monótonas y controladas hasta que llegó la vorágine de dar el salto a nuevas aventuras. No se trataba de salir de la zona de confort sino de abandonarla para siempre.
En mi entorno personal siempre tuve apoyo por dedicarme laboralmente a algo que me gustaba y por lo interesante del aprendizaje continuo.
Tu visión de la evolución del sector desde que te incorporaste. Bueno, … ¿y ahora qué?
En tantos años de desarrollo la evolución ha sido más que notoria y a todos los niveles. En tecnología y sistemas, me tocó vivir toda la evolución de la informática y de los aparatos utilizados. Como ejemplo, los programas de análisis de espectrometría gamma estaban basados en el viejo MS-DOS y aún usábamos Windows 3.1. Los multicanales eran piezas enormes y pesadas con los que había que comunicarse mediante código. Y por fin llegó el temido efecto 2000 que iba a desplomar aviones del cielo y por supuesto a parar todos nuestros sistemas. Nada de eso ocurrió y vivimos una enorme revolución tecnológica en el sector que no ha parado hasta hoy.
Ahora nos enfrentamos a la lamentable amenaza de cierre de todas las centrales nucleares, y tanto si se perpetra como si no, habrá que hacer frente a desafíos técnicos que tendrán que acometer las nuevas generaciones que nos van sustituyendo, porque todo es un proceso extenso y en continuas vías de desarrollo En lo nuclear, las nuevas generaciones de reactores y el cercano futuro de la utilización de la energía de fusión harán reavivar el sector con un impulso que no ha conocido hasta hoy. En lo radiactivo nunca habrá fin. Existe desde la formación del planeta y nos va a acompañar hasta el fin del mismo. A nosotros nos toca la correcta utilización y desarrollo de métodos y tecnologías para todos los campos de su aplicación.
¿Animarías a los jóvenes a emprender una carrera profesional en el sector?
Por supuesto. Creo que el crecimiento de las necesidades energéticas de las siguientes generaciones va a ser exponencial y no podrá satisfacerse por medios convencionales. Como he comentado antes, no es solo una cuestión energética sino también una utilización de todo lo relativo a la radiactividad en infinitos campos de la ciencia y la técnica conocidos y por descubrir. Si pensamos en aceleradores y física de partículas, fusión, exploración espacial, inteligencia artificial y robótica, computación y mil cosas más nos podemos hacer una idea de todo lo que podemos hacer con los átomos. Y lo que aún no sabemos.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir al resto de tus compañeros nucleares? ¿y a los no nucleares?
El principal en estos momentos es que no nos rindamos a la desesperanza. Como siempre hemos demostrado, si nos tenemos que reinventar, lo haremos. La principal lección que podemos sacar de todos estos años desde los inicios de la antigua Junta de Energía Nuclear es que somos capaces de empezar desde cero y mejorar las capacidades en todos los aspectos tanto científicos como técnicos. Aunque ahora parezca que nos estancamos (o nos estancan) no podremos ir al contrario del resto del mundo y esa inercia nos arrastrará.
Hasta ahora la radiactividad se ha usado en campos tan diversos como la medicina para descubrir rutas metabólicas o diagnóstico de enfermedades, tratamientos de cánceres, etc., la industria, incluso la datación radiométrica en paleontología. Los ejemplos son innumerables y requieren técnicas cada vez más sofisticadas, utilizadas e implementadas por técnicos cada vez mejor formados. El abanico de nuevas aplicaciones ahora es casi infinito y casi una gota de agua ante el inmenso océano por imaginar. La clave es siempre la misma: formación, formación y más formación. Y por supuesto curiosidad e imaginación.
A los compañeros no nucleares de otros sectores me gustaría transmitirles una de las frases más geniales de Marie Curie: “Nada en la vida ha de ser temido, solo comprendido”. Creo que todo lo que tememos y a lo que nos oponemos por peligroso nos indica una ruta de conocimiento a adquirir para ayudar a mitigar esos peligros. Sin el conocimiento no habríamos avanzado desde las selvas tropicales a las sabanas más allá del valle del Rift pese al miedo a los depredadores, ni habríamos fabricado las primeras herramientas que nos sacarían de África. Ellos seguro que tenían más pánico del que ahora podemos tener nosotros a lo desconocido. Confiemos en la ciencia, y si no nos fiamos del todo, contribuyamos a ella para hacerla más fiable.
¿Nos puedes decir dos hobbies?
Uno troncal, del que derivan muchos más: la lectura, principalmente de ensayo histórico y científico. Esto ha hecho que me interese muchísimo por la paleoantropología que es uno de mis intereses más placenteros. Además estoy redescubriendo mis viejos libros de texto que me hacen recordar y aficionarme a la botánica, biología, microscopía, geología y todas las típicas ciencias que ocuparían a un buen gabinete naturalista del siglo XVIII. En mi casa del pueblo tengo una colección de microscopio, telescopio, lupas binoculares, colecciones de minerales y rocas, herbario y todos los útiles para salir al campo a disfrutar del conocimiento natural. Creo que voy a tener en mi próxima jubilación casi menos tiempo libre que ahora.
Y para conocerte un poco mejor: un libro, una canción (o pieza de música) y una película.
Libros serán dos: Cosmos de Carl Sagan por lo que supuso, tanto la serie como el libro, en mi época juvenil para motivarme y últimamente la Historia de Roma de Theodor Mommsen, por el placer infinito que estoy encontrando en sus páginas para entender lo complejo de una civilización que es nuestra raíz.
En música me decanto por dos vías: el rock sinfónico del siglo pasado y por supuesto la clásica. Particularmente las piezas sacras de Mozart.
Películas no veo muchas (salvo todas las infantiles que me he tenido que tragar con la infancia de mis hijos, hasta de Doraemon) y ahora con las series menos, pero me dejó muy impactado Interestellar, y ahora creo que está en proyecto o en marcha la segunda parte.
Finalmente, para terminar, un deseo para el futuro
Que miremos al pasado y aprendamos. A todos los pasados. Al de nuestra especie con admiración por lo avanzado en tiempos duros de supervivencia, al histórico porque fuimos una gran nación de grandes gentes y grandes valores y al más reciente porque supimos levantarnos de nuestros desastres. Con esta mirada mi deseo fundamental es que creamos en nosotros y el futuro lo construyamos, no que lo soportemos.






