La energía nuclear también fortalece la soberanía energética, al disminuir la dependencia exterior y la exposición a la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles. En un contexto geopolítico incierto, es necesario disponer de un mix equilibrado en el que la energía nuclear, junto con las renovables, ayude a ofrecer precios de la electricidad estables y asequibles, tanto para la industria como para los hogares.

La presión fiscal
No obstante, su papel estratégico se ve condicionado por una carga tributaria excesiva. Aunque el parque nuclear es competitivo desde el punto de vista técnico, operativo y de sus costes intrínsecos, la fiscalidad representa aproximadamente el 75% de sus costes variables y se ha incrementado en más del 70% en los últimos cinco años, lo que condiciona su viabilidad económica.
Las centrales españolas mantienen altos estándares de seguridad y fiabilidad, y la cultura de excelencia de la industria nuclear española es reconocida internacionalmente. Por ello, no deberíamos prescindir prematuramente de estos activos: la renovación de las autorizaciones de explotación, como la solicitada para las dos unidades de Almaraz hasta junio de 2030, será determinante para definir el modelo energético futuro.
Renunciar a la nuclear ahora sería apartarse de la tendencia seguida por la mayoría de países industrializados. España tiene la oportunidad de alinearse con ellos y aprovechar el valor añadido que la energía nuclear aporta a un sistema eléctrico robusto, sostenible y orientado al futuro.




