Sin sorpresas. El Consejo de Seguridad Nuclear ha emitido su informe y apreciación favorable a la continuidad de la operación de la central nuclear Almaraz hasta 2030. Sin sorpresa para los profesionales nucleares porque estamos en el día a día y conocemos el estado de la instalación, sus procedimientos de trabajo y la capacidad de operar de esta central. Y sí, sin sorpresa para todo el parque nuclear español, mucho más allá de sus fechas de cierre actuales. Nuestras centrales, los siete tesoros que tenemos hoy operando en España, están en condiciones técnicas y humanas, si se modifica el contexto político y económico, para poder seguir aportando energía de base y seguridad de suministro al sistema eléctrico español.
Además de la ratificación por parte del organismo regulador, el CSN, de la capacidad de Almaraz para seguir operando, la noticia de esta apreciación favorable ha desencadenado el posicionamiento de otros actores socio políticos que han reclamado, una vez más, que España reconsidere su postura para todo el parque nuclear. Instituciones empresariales como Foment del Treball en Cataluña o representantes políticos municipales y territoriales como los de la Comunidad Valenciana han aprovechado el posicionamiento técnico para la continuidad de Almaraz para pedir, nuevamente, que el escenario energético español se evalúe de nuevo en un nuevo contexto que nada tiene que ver con el del 2019 cuando se acordó el calendario de cierre.
Dejemos de enfrentar tecnologías, actuemos con criterios honestos y a largo plazo y aprovechemos un recurso que tenemos como país disponible a día de hoy. No estamos hablando de construir nuevas centrales, estamos hablando de no poner fuera de servicio (tal y como ha recomendado también en estos últimos días, de nuevo, la Unión Europea) instalaciones que tenemos disponibles, que operan con seguridad y que están en condiciones para seguir haciéndolo.
Centrémonos en Almaraz como ejemplo, como la “pica en Flandes” de lo que desea no solo la industria y los profesionales nucleares de este país sino también una amplia representación del tejido socioeconómico nacional. Los propietarios han manifestado, con inversiones y gestión, su voluntad de operar la planta más allá de las fechas de cierre. El entorno social de la central se ha volcado en hacer oír su voz para que Almaraz no se apague el año que viene, numerosas entidades e instituciones a nivel nacional se han sumado a esta corriente que cuenta también con el aval de la política europea y a nivel mundial. A todo ello se le ha sumado, finalmente, el aval técnico necesario para ello con el informe favorable del CSN. Hasta aquí todo está claro, el posicionamiento es mayoritariamente unánime, pero falta lo más importante, falta la toma de decisiones y la visión clara, honesta y comprometida con el país para definir nuestro futuro energético.
Se trata de una decisión que debe tomarse con perspectiva amplia y viendo todo el conjunto. Cerrar las centrales nucleares españolas para cumplir unas promesas hechas desde la ideología y obviando las certezas que tenemos en la actualidad es un planteamiento que compromete nuestro futuro, el futuro de todos.



