Tradicionalmente, llegaba septiembre y era el momento de repasar los cuadernos de verano, los ejercicios de refuerzo de conocimientos que hacíamos para o bien mantener algo de hábitos de estudio en esos meses de ocio, o bien reforzar aquellas materias que habían flojeado un poco durante el curso. Así que, rememorando esa práctica, nos preguntamos si nuestros políticos, en el regreso a sus escaños, han incluido el capítulo de la planificación energética y las centrales nucleares en sus tareas de verano. Hagamos un repaso…
- ¿Qué tecnología nos permite utilizar radiodiagnóstico, radioterapia (teleterapia y braquiterapia), medicina nuclear (diagnóstico y terapia)? La nuclear.
- ¿Qué energía lleva doce años consecutivos produciendo alrededor de la quinta parte de la electricidad? La nuclear.
- ¿Qué energía evitó en 2023 la emisión de unos 20 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera? La nuclear.
- ¿Qué tecnología ayuda a esterilizar alimentos, conseguir variedades de cultivos más resistentes que ayuden a reducir el hambre y contribuye a preservar el medio ambiente? La nuclear.
En nuestro repaso, recordamos también que las centrales nucleares funcionan de manera segura, fiable y eficiente. Que están diseñadas, mantenidas y operadas de manera robusta y segura, siguiendo los más exigentes estándares internacionales de seguridad y que lo hacen además bajo la estricta y continua supervisión de un organismo independiente, el Consejo de Seguridad Nuclear.
Si bien es cierto que hay posiciones políticas diversas, el grupo parlamentario popular registró el pasado mes de julio una proposición no de ley en el Congreso por la que insta al Gobierno a que en un plazo de tres meses acuerde una moratoria sobre el cierre programado para las centrales nucleares y, a su vez, pide mantener la energía nuclear dentro del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. Todo suma, pero necesitamos más y lo necesitamos a muy, muy corto plazo. Estamos hablando de evitar que cierren nuestras centrales, manteniendo así los más de 20.000 puestos de trabajo de alta cualificación del sector y, en definitiva, de sostener una industria que aporta más de 1.000 millones de euros al año en impuestos.
Desde la SNE hacemos todo lo que está en nuestras manos para dar información que facilite la toma de decisiones bajo criterio técnico. El tiempo se agota, seguiremos desterrando mitos, una tarea que hemos asumido como deber de información a la ciudadanía y que valoramos profundamente. La sociedad merece rigor, transparencia, que le cuenten las cosas como son y por nuestra parte no va a quedar el poner en valor, en el justo valor que merece, la energía nuclear. Pero se nos acaba el tiempo, si nada cambia, en el año 2027 Almaraz I será la primera unidad en desconectarse de la red eléctrica y, la verdad, nos gustaría cambiar el principio del fin. Repasen, estudien y pasemos de curso con la lección bien aprendida de la energía nuclear.



