Un 66 % de los encuestados en el Barómetro del Real Instituto Elcano considera que las centrales nucleares españolas deben seguir funcionando. En 2023 esta cifra fue del 43 % con lo que los datos hablan por sí mismos.
La pregunta formulada fue “En España existen varias centrales nucleares, ¿cree usted que esas centrales deben seguir funcionando o cree que deben cerrarse? Y dos tercios de los encuestados respondieron que debían seguir funcionando frente a un 29 % que se posicionó por el cierre y un 5 % que se quedó en el no sé. Es evidente que desde 2023 han ido cambiando muchas cosas: traslado del debate a la primera página informativa con el consecuente incremento de información, coste de la electricidad y preocupación por la seguridad de suministro, especialmente después del apagón del pasado 28 de abril. Las causas pueden ser múltiples, pero lo que parece claro es que, cada vez más, la opinión pública se posiciona de manera franca y clara por la continuidad de la operación de las centrales nucleares españolas.
Para nosotros, para los profesionales nucleares, para las personas que trabajamos en este sector es un motivo de alegría ver que cada vez más voces se suman a las nuestras. Personas, instituciones, colectivos profesionales que piden, como nosotros, que se reconsidere el calendario de cierre, que abandonemos esa vía en la que nos hemos quedado solos.
Tenemos países en Europa, en todo el mundo, que están trabajando duro en el lento y complejo proceso de construir centrales nucleares y que miran con sorpresa y sin entender como España, que dispone de ellas, se empecina en el proceso contrario para cerrarlas.
El estudio revela también que existe un claro posicionamiento ideológico: los encuestados que se posicionan a la derecha duplican, frente a los de izquierdas (que también los hay favorables a la continuidad), este apoyo en la energía nuclear, pero también existe una posición más de centro que, en este caso, también se inclina hacia el sí. En este sentido, desde la Sociedad Nuclear Española queremos insistir, una vez más, en que la energía no debería tener color político, ni ser usada como arma arrojadiza con medias verdades, e incluso mentiras, en los debates de sede parlamentaria. La decisión del futuro energético de nuestro país, de todos nosotros los ciudadanos, debería de tomarse en base a criterios técnicos y con las premisas de contribuir a la lucha contra el calentamiento global, mantener unos precios que nos hagan competitivos (también para los nuevos proyectos) y que nos den seguridad de suministro. Si se tienen en cuenta todos estos planteamientos, la energía nuclear tiene mucho partido que jugar.
La decisión política queda, para nosotros, como un anhelo. Seguimos esperando, deseando y pidiendo que se realice esa reflexión y toma de decisiones en base a criterios técnicos y ajustados al momento que vivimos. En el terreno en el que sí jugamos y vamos a seguir trabajando activamente es en el de la divulgación, la información y el conocimiento alrededor de todo lo que se mueve en torno a la generación y la tecnología nuclear para que este 29 % que todavía considera que nuestras centrales deben apagarse tenga un referente informativo, un punto de apoyo en el conocimiento para conocer mejor estas instalaciones, cómo trabajan y nuestra capacidad, que la tenemos, para seguir funcionando y produciendo electricidad mucho más allá de las fechas que, a día de hoy, nos han fijado como definitivas y que, desgraciadamente, cada día que pasa están más cerca de ser irreversibles.
Llegará un momento en el que, aunque nosotros y un claro 66 % de la población, no compartamos, ni entendamos esa decisión, no habrá marcha atrás y las centrales se cerrarán. Eso sí, antes de llegar a ello, no nos cansaremos de repetir y explicar que se trata de un error estratégico y de pedir, en todos los foros que podamos y ante todo aquel que nos quiera escuchar, que esa posición se reconsidere y que nuestras centrales sigan funcionando.



