Es lo que está pidiendo la industria nuclear española cuando vemos que, el reflejo de Europa y del resto del mundo nos devuelve una imagen en la que la energía nuclear es una apuesta de futuro mientras que en nuestro país nos empeñamos en enterrarla.
Los resultados operativos de las centrales nucleares en 2023 evidencian, con datos, que los siete reactores que están funcionando en España han aportado al sistema 54.275,01 GWh, cifra que supone el 20,34% del total de la producción eléctrica neta. Las centrales nucleares españolas han estado disponibles prácticamente el 90% de las horas del año. Evitan anualmente la emisión de unos 20 millones de toneladas de CO2. Somos clave en la garantía de suministro y en la descarbonización y podemos ser competitivos, si nos dejan.
Los datos, estos datos, son sólidos y son los que han permitido que en Europa y en el mundo la energía nuclear haya sido incluida el pasado año en el texto negociado de la COP28 como una de las tecnologías necesarias para conseguir los objetivos del Acuerdo de París.
Otra de las cuestiones que merecen revisión y aplicar el sentido común tiene que ver con el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) que debe reevaluarse con criterios técnicos y realistas, ajustados a las necesidades actuales, puesto que las circunstancias han cambiado mucho en relación con el momento en que se firmó el acuerdo de cierre en el marco de ese plan en 2019. Las bases técnicas sobre las que se elaboró el PNIEC no se están cumpliendo y lo razonable sería, antes de prescindir de la nuclear, explicar claramente cómo la sustituiremos para poner todas las cartas sobre la mesa.
No podemos permitirnos ir a contracorriente porque Europa y el resto del mundo incluyen la energía nuclear en el diseño energético de su futuro por competitividad, garantía de suministro y compromiso con la descarbonización. Francia encabeza en Europa una Alianza Nuclear que integran 15 países: Bélgica, Bulgaria, Croacia, Estonia, Finlandia, Hungría, Lituania, Países Bajos, Polonia, República Checa, Rumanía, Eslovenia, Eslovaquia y Suecia. Estamos circulando en sentido contrario y lo hacemos solos, solo eso ya debería darnos que pensar.
Tenemos unas instalaciones y tenemos la necesidad de reivindicar el valor intangible, pero incalculable, de los profesionales nucleares. Un valor que perderemos si apagamos las centrales nucleares. España ha sabido crear una industria que tiene un valor estratégico y debe preservar este patrimonio. Apliquemos el sentido común…
Son advertencias, son datos, son realidades que deben atreverse a tratar y a valorar los políticos y gobernantes de este país (aquí igual que se hace fuera). Mientras tengamos marco para ello, los profesionales nucleares no nos cansaremos de repetir que perdemos mucho si apagamos nuestras centrales nucleares y no nos creemos el discurso de los que nos intentan convencer de lo contrario.



