Ojalá este título que encabeza el texto fuese una certeza, pero por el momento es tan solo un deseo, una petición que esperamos lleve a una reflexión. Nos hemos quedado absolutamente solos en la senda del apagón nuclear. Somos el único país en la Unión Europea, y en el mundo, que teniendo centrales nucleares en operación se empeña en cerrarlas. Vamos en dirección contraria a todo y a todos y por ello reclamamos un volantazo, un cambio firme y urgente en la política energética española. No nos cansaremos de repetirlo: las centrales nucleares de nuestro país están capacitadas y en perfectas condiciones para seguir operando y su cierre es una decisión política que debe revertirse en ese terreno. Este es el sentir de los profesionales nucleares españoles, pero no se trata de atender una reclamación vacía, se trata de dejar atrás criterios ideológicos y atender, mirar, lo que está haciendo el mundo en relación con la energía nuclear
Una de las apuestas claras del informe “The Future of European Competitiveness”, publicado recientemente y conocido como el Informe Draghi, es desarrollar y mantener la capacidad nuclear de los países. Esta es una de las 22 medidas clave para reducir los costes de la energía, garantizando la sostenibilidad del suministro y acelerar la descarbonización. También es una realidad que las centrales nucleares llevan ya un tiempo posicionándose como un recurso estratégico para los grandes consumidores como los centros de datos. Hace escasas semanas, Microsoft ha anunciado un acuerdo para reanudar la operación del grupo 1 de la central nuclear Three Mile Island para dar respuesta a su creciente demanda energética y a la vez mantener bajas las emisiones de carbono de la compañía. Google ha llegado a un acuerdo con Kairos Power para construir pequeños reactores nucleares modulares antes de 2030, sumando 500 MWe para suministro a sus centros de datos de electricidad libre de emisiones de gases de efecto invernadero. Otro importante mensaje procede de la banca mundial, concretamente catorce de las mayores compañías financieras del mundo han hecho público que van a ampliar su apoyo a los proyectos nucleares que se están desarrollando en todo el mundo. Un resultado más del acuerdo firmado por 33 países en la COP28 de Dubai para triplicar la potencia nuclear como medida necesaria para alcanzar la descarbonización. Hace escasas semanas, el nuevo primer ministro francés, Michel Barnier, en su discurso en la Asamblea Nacional de París reafirmó también la voluntad del país de seguir apostando por la energía nuclear con la construcción de nuevos reactores. Y esta es la corriente mayoritaria. En el mundo se habla de nuevos proyectos y países como Holanda, Suiza, Italia, Bélgica, etc. han cambiado su posicionamiento y hoy ya apuestan por la continuidad de sus centrales o por la puesta en marcha de nuevos proyectos. Así es la nueva estrategia energética mundial. La nuclear aparece en la gran mayoría de los planes de futuro. España se ha convertido en un reducto en el que el criterio técnico es políticamente menospreciado y seguimos circulando en dirección contraria y a toda velocidad hacia el cierre nuclear.
España se ha quedado completamente sola. Miren a fuera, abandonemos esta carrera absurda hacia el cierre de las centrales. Tenemos unas centrales en perfectas condiciones para seguir operando y la nuclear es una energía resiliente, complementaria a las renovables en su desarrollo e implantación. La sociedad en general, los ciudadanos, estamos preocupados por los aspectos climáticos, por el coste energético, y por el futuro que vamos a dejar a las siguientes generaciones y por ello reclamamos a quién corresponda, y no dejaremos de hacerlo mientras tengamos margen para ello, una reflexión técnica y no política de lo que ha de ser nuestra política energética. Queremos que la energía de Almaraz I y II, Ascó I y II, Cofrentes, Vandellós II y Trillo sigan siendo nuestra energía y la de nuestros hijos porque es una energía segura, limpia, fiable y competitiva. Si apagamos los siete reactores nucleares que nos quedan en funcionamiento en España perderemos mucho: una energía verde, sostenible y asequible, un alto conocimiento tecnológico, desarrollo de tecnología propia, una industria que da valor al PIB y con proyección internacional, puestos de trabajo de calidad y dejaremos, a cambio, un vacío difícil de recuperar.



