¿Y si California nos sirviese de lección?

JUNTA DIRECTIVA DE LA SOCIEDAD NUCLEAR ESPAÑOLA

El pasado agosto, por primera vez en los últimos 19 años, CAISO, el operador de la red eléctrica de California, tomó la decisión de cortar el suministro a algunos grupos de consumidores en medio de una ola de calor que aumentó el consumo eléctrico a niveles récord como última medida para evitar el colapso del sistema. Es bien conocido que, en los últimos años California ha aumentado de forma muy significativa la penetración de las renovables, y llevado a cabo un programa de abandono de la energía nuclear, que culminará en 2025 con el cierre del último reactor de Diablo Canyon. Pero, lo sucedido este verano es, sin duda, una referencia para todos los países que están diseñando su transición energética, y una lección aprendida que tendríamos que considerar cuidadosamente.

No muy diferente es la evolución del mix eléctrico alemán, con consecuencias similares en el coste y seguridad del suministro eléctrico que, además, mantiene  una intensidad de emisiones de CO2 de más del doble que las del mix español. Ahí tenemos el segundo ejemplo de decisiones políticas que, sin suponer un avance en la lucha contra el calentamiento global, lastran la competitividad del conjunto de un país.

Seguramente, la experiencia de este camino emprendido por otros es lo que esté haciendo que cada vez más países valoren con firmeza un mix en el que la energía nuclear juega un papel indiscutible. Tenemos como ejemplos de ello el reciente informe del Ministerio de  Economía y Clima de Holanda, en el que se recomienda la consideración de construcción de nuevos reactores nucleares, además de la extensión de vida de Borssele, su única planta en operación, o la reconsideración del cierre de las plantas belgas, previsto para 2025, la apuesta nuclear en Polonia sustituyendo carbón por uranio, y los planes ya en marcha en Reino Unido, Francia, Finlandia, Bulgaria, Chequia, etc. Todo ello pone de relieve el cambio de signo en las tendencias energéticas de los próximos años, cada vez más fundadas en cuestiones técnicas y científicas y con la vista puesta en el largo plazo, no en el cortoplacismo electoral.

Afortunadamente, en nuestro país estamos a tiempo de tomar las decisiones adecuadas y prolongar la vida de nuestros reactores mas allá del horizonte del PNIEC, facilitando una transición energética, como se pretende, justa y eficiente. Contamos con unas instalaciones perfectamente preparadas para afrontar este reto y unos profesionales que garantizan este logro con plena seguridad desde todos los puntos de vista, sin duda una condición necesaria, aunque no suficiente. Además de una estrategia bien definida, apoyada en criterios técnicos y dirigida al largo plazo, en el caso específico de la energía nuclear, es necesario revisar el entramado impositivo alrededor de la energía nuclear para hacer viable la sostenibilidad de nuestro sector, clave y necesario para que nuestro país consiga una transición energética exitosa para nuestro planeta, sin dañar seriamente nuestra economía.

A la industria nuclear nos corresponde seguir trabajando de manera segura y fiable y, a nuestros gobernantes, tomar decisiones fundamentadas y responsables.

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