JORDI SEVILLA

EXMINISTRO DE ADMINISTRACIONES PÚBLICAS Y DIRECTOR DE LA UNIDAD DE INTELIGENCIA DE LLyC

Textos: Matilde Pelegrí y Gema Ortiz | Fotografías y video: Grupo SENDA

 

Jordi Sevilla, exministro de Administraciones Públicas y actual director de la Unidad de Inteligencia de LLyC, ha pasado de abogar por el cierre de las centrales nucleares a convertirse en uno de sus más firmes defensores. Su experiencia en Red Eléctrica y los recientes cambios geopolíticos han reconfigurado su visión sobre el papel de la energía nuclear en la seguridad y sostenibilidad del sistema eléctrico español. En esta entrevista, analiza los motivos de su cambio de postura, la necesidad de una moratoria y las consecuencias de cerrar las centrales sin alternativas fiables.

Cuando todo el mundo está caminando en la dirección de las nucleares, España es el único país que las quiere cerrar. ¿Vamos a ser los únicos que tenemos la razón?

DE CRÍTICO A DEFENSOR DE LA NUCLEAR
¿Qué aspectos clave —en términos de seguridad, sostenibilidad económica y contexto internacional— lo han llevado a replantear su postura, y por qué considera que España no puede permitirse ir a contracorriente del resto del mundo?

Yo he llevado la plaquita de “Nucleares no, gracias”, pero es que desde entonces el mundo ha evolucionado. Con el tema de la seguridad lo que hay que hacer es exigir a las empresas que cumplan la normativa. Garantizar e inspeccionar todo lo que tenga que ver con el máximo nivel de seguridad que se pueda asegurar. Y ahí el Gobierno tiene que ser muy estricto en el cumplimiento de las inversiones y garantías de seguridad. En cuanto a los residuos, alargar diez años obviamente incrementará el volumen, pero otros países lo han resuelto de una manera mucho más sensata, desde mi punto de vista. Y, por supuesto, las renovables también tienen residuos. De hecho, es uno de los puntos que empieza a discutirse, y más cuando empiece a generalizarse el sistema de baterías como fuente de almacenamiento de electricidad. La sociedad riesgo cero no existe, y por tanto tenemos que mantener un equilibrio entre minimizar el riesgo y maximizar los beneficios. Creo que hoy, nuestro sistema nuclear lo cumple.

Pero hay una razón en la que también insisto —no hace diez años, hoy, y es que en un momento en el que cuando todo el mundo está caminando en la dirección de las nucleares, España es el único país del mundo que las quiere cerrar. ¿Vamos a ser los únicos que tenemos la razón y todos los demás están equivocados? Me parece muy presuntuoso. Además, la nuclear tiene varias ventajas: por una parte, la garantía de suministro; por otra, el propio funcionamiento del sistema; y también que es una energía barata y, sobre todo, predecible, a diferencia del gas, cuya fuente de aprovisionamiento está fuera de nuestro control porque depende de  los mercados internacionales. Lo vimos claramente cuando tuvimos el conflicto con Rusia como consecuencia de la invasión de Ucrania: decidieron subir el precio del gas y se disparó por completo el precio de la electricidad en todo Occidente. Eso no pasa con la nuclear.

Otro tema muy importante es que la energía nuclear ayuda a afrontar uno de los grandes retos que en este momento tenemos en Europa: la competitividad. Para las empresas, una de las cosas que más les preocupa es la incertidumbre sobre el precio de la energía, sobre todo en sectores en los que el coste energético representa una parte muy importante del total de la cuenta de resultados. La nuclear, al igual que las renovables, ofrece mayor estabilidad y garantía de precios más bajos. Además, si alguien tuviera algún argumento más, ya lo habría dicho. Y yo, hasta ahora, no lo he escuchado.

Usted ha propuesto una moratoria general de diez años y, de forma más urgente, una específica para Almaraz. ¿Por qué considera crucial evitar el cierre de esta central en particular?
Esto es algo que deben consensuar el Gobierno y las empresas. Yo he hecho dos propuestas. La primera, una moratoria general de diez años, que permita al Gobierno dar el paso sin necesidad de adoptar una posición pronuclear. Pero, al mismo tiempo, creo que hay una cuestión urgente: no cerrar Almaraz. Por eso propongo, de forma inmediata, una moratoria de dos años para el cierre de esta central, de modo que Gobierno y empresas puedan negociar con margen en qué condiciones se podría continuar.

El error que todavía estamos a tiempo de evitar es cerrar Almaraz y que el caos que eso pueda generar impida después cerrar otras, aunque estuviera previsto. Eso sí sería un error. No estoy hablando solo de una central nuclear, sino de lo que el conjunto de la energía nuclear aporta al sistema eléctrico.

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