MIGUEL GARRIDO DE LA CIERVA

PRESIDENTE DE LA CONFEDERACIÓN EMPRESARIAL DE MADRID (CEIM)

Textos: Matilde Pelegrí y Gema Ortix | Fotografías y video: Grupo SENDA

 

Miguel Garrido de la Cierva, presidente de la Confederación Empresarial de Madrid (CEIM), defiende la energía nuclear como un elemento estratégico para la competitividad económica, la seguridad de suministro y el desarrollo industrial de la Comunidad de Madrid. Además, y tras su reciente visita a la central de Almaraz, subraya la excelencia técnica y profesional de sus instalaciones y advierte de los riesgos económicos y energéticos que supondría su cierre en el actual contexto de crecimiento y transformación industrial.

Actualmente, el 15% de la energía que consume la Comunidad de Madrid proviene directamente de Almaraz

LA REPRESENTACIÓN DEL MUNDO EMPRESARIAL

CEIM es la Confederación de Empresarios de la Comunidad de Madrid, integrada en la nacional CEOE. ¿Cuál es la representatividad de CEIM y cuáles son las principales actividades que desarrolla la patronal?

Somos la Confederación Empresarial de Madrid y reunimos al conjunto de las empresas madrileñas, tanto directamente como a través de sus organizaciones empresariales. Forman parte de CEIM más de 150 asociaciones empresariales, principalmente sectoriales, que abarcan todos los sectores de actividad: industria, comercio, servicios y también algunas de carácter territorial. Madrid es una comunidad uniprovincial y, por tanto, no existen organizaciones provinciales, pero sí hay zonas con intensa actividad económica, como Getafe, Leganés, Móstoles…, que están representadas dentro de nuestra estructura.

Una particularidad de CEIM es que, desde su creación en 1978 por empresas y algunas asociaciones, las propias empresas también pueden ser socias directas, con pleno derecho. Somos fundamentalmente una organización de defensa y representación de los intereses empresariales. Como patronal, nuestra función está recogida en la Constitución: tenemos encomendado el diálogo social y la negociación colectiva. Lo que hacemos es recoger los problemas que nos trasladan las empresas y trabajar para que existan las mejores condiciones posibles para que puedan desarrollar su actividad.

Estamos organizados en comisiones de trabajo. Algunas son transversales, como la Comisión de Asuntos Laborales, especialmente relevante por nuestra función constitucional en el diálogo social. También contamos con comisiones de coyuntura económica, asuntos fiscales, innovación, sostenibilidad, movilidad o energía. Además, tenemos comisiones sectoriales: sanidad, turismo, comercio, industria, etc.

Garrido de la Cierva, presidente de la Confederación Empresarial de Madrid (CEIM)

De ese trabajo extraemos el discurso que defendemos ante las administraciones, los sindicatos y la opinión pública. En el contexto actual es especialmente importante explicar y defender la función empresarial, porque se han cuestionado los beneficios empresariales y, en algunos casos, se ha criminalizado la actividad empresarial. Hoy más que nunca es necesario alzar la voz en defensa de la imprescindible labor que prestan las empresas al conjunto de la sociedad.

LA NUCLEAR COMO ENERGÍA NECESARIA

El debate sobre la continuidad en el funcionamiento de las centrales nucleares españolas ha llegado a muchos ámbitos de la sociedad. Usted, como presidente de Ceim, se ha mostrado claramente a favor. El pasado mes de octubre visitó la central de Almaraz. ¿Qué destaca de esa visita?

Fue una visita de enorme interés porque nos permitió comprobar in situ la excelencia de unas instalaciones que son una auténtica joya en España. Destacaría la preparación de los equipos, la calidad técnica y los estrictos protocolos de seguridad. Cuando uno lo comprueba directamente, puede afirmar con tranquilidad que estamos ante instalaciones absolutamente seguras, muy lejos de ciertos prejuicios del pasado. La central está liderando rankings internacionales, lo que demuestra su nivel de excelencia. La visita nos permitió hablar con conocimiento de causa sobre un asunto muy técnico y que muchas veces queda fuera del alcance del ciudadano medio.

¿Qué consecuencias tendría, por tanto, el cierre de los dos grupos, previsto en el PNIEC para 2027 y 2028?

Nos dejaría en una situación de enorme exposición. En primer lugar, aumentaría nuestra dependencia del gas, con todo lo que ello implica: por un lado, un incremento de las emisiones de CO2; por otro, una mayor dependencia estratégica de los países suministradores, especialmente Rusia. Al cerrar una fuente de energía que es autónoma y que nos proporciona seguridad y estabilidad en el suministro, estaríamos evidenciando y agravando esa dependencia.

Desde el punto de vista económico, el gas está sujeto a fluctuaciones mucho más acusadas, lo que previsiblemente Defendemos que la energía nuclear continúe desempeñando su papel, contribuyendo a lograr precios más competitivos para las empresas encarecería los costes. Además, quedaríamos más expuestos a posibles incidencias en el suministro que, como vimos con el apagón, pueden tener consecuencias dramáticas. Hoy en día, los países compiten por atraer inversiones, y uno de los factores determinantes es la seguridad energética. El precio es importante, y también se vería afectado, pero la garantía de suministro es indispensable: sin ella, todo lo demás pierde sentido.

Por tanto, el cierre sería absolutamente temerario. Iría, además, en contra de la tendencia actual. En Alemania, por ejemplo, se ha puesto de manifiesto la irresponsabilidad que supuso el desmantelamiento de sus centrales nucleares, con la dependencia que generó y el freno a su progreso. A nivel global, la energía nuclear está creciendo. Recientemente, el primer ministro belga llegó a calificar como una gran equivocación la decisión adoptada en Europa en este ámbito.

En España contamos con centrales en funcionamiento, probadas y con una vida útil prolongada, incluso duplicada en otros países para instalaciones similares a las que aquí se pretende cerrar. Proceder a su clausura sería una irresponsabilidad y supondría anteponer una agenda ideológica obsoleta a una tecnología consolidada y a un modelo de progreso económico vinculado a este tipo de energía.

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