“ Soy un profesional nuclear más que trabaja junto con sus 30 000 compañeros del sector para operar de forma segura nuestros reactores”

ALFREDO GARCÍA, SUPERVISOR DE OPERACIÓN DE LA CENTRAL NUCLEAR ASCÓ
@OperadorNuclear

Textos: Montse Godall y Matilde Pelegrí | Fotografía: Alfre García Bienvenido

 

ENTREVISTA COMPLETA
En el número de febrero de 2018, la revista de la SNE publicó el artículo Mi experiencia divulgativa, con la firma de @OperadorNuclear, en el que hacía un repaso de las razones que le llevaron a iniciar su labor divulgativa a través de las redes sociales en 2016, concretamente en Twitter. ¿Cuáles eran las ventajas de mantener el anonimato en esa primera etapa?

Me adentraba en un mundo totalmente desconocido para mí, tanto por la controvertida reputación de Twitter de albergar a toda clase de especímenes, como por la propia idiosincrasia del debate nuclear, plagado de radicalismos especialmente en su lado opositor. Además, no tenía ninguna intención de conseguir reconocimiento ni popularidad, sino de satisfacer una vocación comunicativa, y el anonimato, tan común en los comics y en el cine de acción, añadía un plus de misterio al personaje que estaba construyendo. Curiosamente, creo que poco a poco fui comprobando que el personaje no era tal, que no estaba actuando, sino que era yo mismo con un seudónimo. Para todo ello, el anonimato era más una ventaja que un inconveniente.

¿Cuáles fueron los principales “oponentes”? ¿Y los “aliados” más importantes?

Esperaba dos clases de oponentes: por un lado, los haters y trolls de las redes sociales y, por el otro, el de los antinucleares. El primer grupo supuso un reto, pero al mismo tiempo una oportunidad: debido a lo endeble de su forma de argumentar y sus pocos recursos técnicos, responderles se fue convirtiendo en una diversión para mí y, al mismo tiempo, una efectiva forma de atraer seguidores. Los conocidos “zascas” de las redes se convirtieron en una de mis señas de identidad, intentando responderles con sentido del humor, sin faltar al respeto (quizás dejando que ellos mismos se pongan en evidencia) e intentando habitualmente añadir alguna píldora de conocimiento en cada una de esas respuestas. El segundo grupo de oponentes, el de los antinucleares, reconozco que me resultó decepcionante. Esperaba más nivel técnico en sus respuestas, que al final se reducían a lo de siempre: repetir mitos y apelar al miedo a todo lo que tiene que ver con energía nuclear y radiactividad. Quienes no me decepcionaron, sino que además me sorprendieron muy gratamente, fueron todos los organismos nacionales e internacionales, públicos y privados, relacionados con las radiaciones ionizantes y la energía nuclear, que progresivamente comenzaban a apoyar mi divulgación sin saber quién realmente era, solo por la veracidad de lo que exponía. Y por supuesto, mi mayor alegría fue el apoyo prácticamente unánime de toda la comunidad española de divulgadores científicos, gran parte de ellos vinculada a Naukas, y que abarca todos los campos del saber científico, así como del colectivo de profesionales nucleares, que pronto comenzaron a seguirme y a apoyarme.

¿Cómo evolucionó la información de su propio perfil y el interés de los tuiteros entre 2016 y 2019?

Todo fue muy progresivo. Conforme aprendía a manejarme en la jungla de Twitter, fui experimentando con todas las formas de divulgación que se me ocurrieron y observaba en otros divulgadores: hilos, ilustraciones, imágenes y vídeos espectaculares, respuestas a preguntas, muchísimas respuestas, los primeros artículos en medios digitales… Conforme aprendía y experimentaba, el número de seguidores y por tanto mi interacción con ellos iba en aumento, pero siempre de forma muy progresiva, sin grandes crecimientos bruscos, hasta que llegó la serie Chernobyl de HBO. Algunos dicen que la serie fue la que me lanzó, pero debo recordar que ya contaba con más de 20 000 seguidores cuando se estrenó. Reconozco que cuando supe que se iba a emitir una serie sobre el accidente pensé que parte de mi trabajo didáctico sobre la seguridad nuclear habría sido en vano. Sin embargo, al ver el primer capítulo, comprobé que estaba equivocado y comencé a sospechar que la serie sería un revulsivo, una excelente oportunidad para despertar el interés por la energía nuclear y al mismo tiempo reivindicar la seguridad de los reactores actuales. Y eso es lo que ocurrió: conseguí más de 10 000 seguidores en un par de semanas, algunos días con más de 1000 seguidores. De esta forma comencé a encarar mi salida del anonimato, teniendo en torno a 40 000 seguidores después del verano de 2019, con un interés sobre la energía nuclear en aumento y con una identidad que comenzaba a ser un secreto a voces en el sector nuclear.

 

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