Carlos Vázquez Rodríguez (Charlie)

POSTDOC EN ANÁLISIS DE CONTENCIÓN 3D, CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE JÜLICH

Textos y fotografías: Carlos Vázquez Rodríguez

Me llamo Carlos, aunque desde hace años todo el mundo me conoce como Charlie. Hice mi grado en energías y máster en ciencia y tecnología nuclear en la UPM, donde también realicé mi doctorado en el campo de la seguridad nuclear. Tras seis años investigando en el equipo liderado por Gonzalo Jiménez, en el departamento de Ingeniería energética de la UPM, a finales de 2022 me mudé a Alemania para hacer un postdoctorado en el centro de investigación de Jülich (Forschungszentrum Jülich en alemán).

¿Cuántos años llevas en tu actual puesto de trabajo, cuáles son tus responsabilidades?

Estoy a punto de cumplir dos años, y aunque el tiempo pase rápido, estoy tan asentado que parece que llevo mucho más tiempo aquí. 

Centro de investigación Jülich a finales de los años 60.

Formo parte de un grupo de investigación que lleva unos años trabajando en el desarrollo de containmentFOAM, un código de licencia abierta (open-source) diseñado para realizar análisis de dinámica de fluidos computacional (CFD) de la termohidráulica de la contención. Este equipo de investigación es multidisciplinar, con ingenieros de software, desarrolladores del código, o perfiles con el mío, con mi formación específica como ingeniero nuclear. Mi responsabilidad principal es realizar las validaciones del código y construir modelos orientados a la aplicación final a las centrales nucleares. En teoría, podríamos entender mi rol como el último eslabón de la cadena, en el que se aplica todo el trabajo previo del resto del equipo.

Aunque tras el accidente de Fukushima el tamaño del grupo de investigación en seguridad nuclear se redujo hasta los aproximadamente 30 miembros que tenemos en la actualidad, Jülich tiene una larga historia de investigación en tecnología nuclear. De hecho, se fundó en 1956 como “centro de investigación atómico”, con el objetivo de desarrollar y promover los usos pacíficos de la energía nuclear. La siguiente imagen es de finales de la década de los 60, y el edificio más alto en el fondo de la misma es el Reactor AVR, pionero en la tecnología de los reactores de alta temperatura y todavía el precursor de muchos de los conceptos de alta temperatura que se desarrollan en la actualidad.
Además del trabajo de mi equipo en el desarrollo de containmentFOAM, nuestro equipo de seguridad nuclear también realiza experimentos en el ámbito del análisis de seguridad de contención (termohidráulica, hidrógeno, y comportamiento de los productos de fisión). A su vez, Jülich está integrado en la red de centros de investigación Helmholtz, en la que KIT (del inglés: Karlsruhe Institut of Technology) y HZDR (del alemán, Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf) complementan y amplían el alcance de la investigación en seguridad nuclear en Alemania.

 

Investigación en seguridad nuclear en Jülich, Karlsruhe y Dresden, con detalle en las líneas de investigación de Jülich (más en la referencia del pie de la imagen).


¿Cuáles son las principales actividades de tu cargo actual?

Desde mi llegada al centro de investigación, me asignaron la responsabilidad de liderar los proyectos centrados en usar containmentFOAM para el análisis de seguridad de reactores modulares pequeños (SMR) refrigerados por agua. En un principio, estaba centrado en dos proyectos de SMR muy concretos, uno nacional (INNOPOOL) y otro europeo financiado por Euratom (SASPAM-SA). Con el paso de los meses, además de estos proyectos, me asignaron la tarea de hacer el seguimiento global de todas las actividades de investigación sobre SMR que se llevan a cabo en Europa. 

Esta ha sido sin duda mi principal responsabilidad durante mi tiempo en Jülich, y también lo que más he disfrutado. Decía antes que mi rol suponía, en teoría, buscar casos de aplicación para nuestro código como “último eslabón de la cadena”. Pero, en la práctica, todo lo que hemos aprendido en este tiempo me ha obligado a tener una visión más global de la cadena, no sólo centrarme en su último eslabón. En concreto, entender mejor las características de los SMR nos ha permitido identificar diferentes aspectos de mejora para aplicar nuestro código, pensado para simular reactores de PWR convencionales, a los nuevos diseños de SMR que se están considerando en Europa.

Presentación de containmentFOAM en el congreso europeo de accidente severo (ERMSAR 2024).

¿Cuáles son los aspectos más significativos de tu trabajo?

Teniendo todo lo anterior en cuenta, mi tiempo se reparte entre el seguimiento de todas las actividades de I+D en seguridad nuclear de SMR, identificar y proponer líneas de investigación que nos permitan seguir mejorando nuestro código y, sin duda, mi favorita, sentarme delante de mi ordenador para preparar y analizar mis simulaciones.

Representación de los resultados de una simulación de la contención de un SMR con containmentFOAM.

¿Cómo influyó el traslado en tu vida familiar/personal?
Lo cambió todo, claro. Estaba muy asentado en Madrid después de casi 10 años en la ciudad, así que mi día a día cambió por completo. Vivía con la que entonces era mi pareja, ahora mismo mi esposa, que también trabajaba en Madrid y no se pudo mudar conmigo en un principio. Por suerte, cuatro meses después, pudo moverse internamente en su empresa y seguir su carrera conmigo en Alemania. Nos consideramos muy afortunados por lo fácil y rápido que pasaron estos cambios, que sin duda lo hicieron todo mucho más fácil.
Los que, como yo, sean lectores habituales de Nucleares por el Mundo, no se extrañarán cuando diga que los primeros meses tras la mudanza son muy duros. Aun siendo un cambio dentro de la Unión Europea, que hace las cosas más fáciles, cada país tiene sus particularidades, y hay muchas cosas que resolver en muy poco tiempo (registro civil, alojamiento, seguridad social, los múltiples seguros necesarios en Alemania…). Todo esto, en nuestro caso, con un punto más de dificultad porque ninguno de nosotros hablaba media palabra de alemán.
Puede que esto último, la barrera idiomática, sea lo más difícil de afrontar. Al final, situaciones del día a día como ir al médico o a comprar algo para casa, pueden ser todo un reto si no puedes comunicarte de forma fluida. Pero bueno, con el paso de los meses y el número de “primeras veces” en el nuevo país se va haciendo más pequeño. Además, nos esforzamos al máximo para aprender el idioma tan pronto como fue posible, que sin duda me parece una parte clave para la integración en cualquier país.
De todas maneras, la respuesta a esta pregunta debe destacar que las experiencias positivas se imponen en el balance global. La única forma de conocer en profundidad una nueva cultura es convivir con ella por un largo periodo de tiempo. Seguro que muchos pondrían como principal obstáculo a mudarse a Alemania su frío invierno, y sin embargo, una de mis cosas favoritas de la cultura alemana son todos los eventos y celebraciones invernales que lo hacen mucho más llevadero. En mi ciudad, Colonia, destacan sus maravillosos mercados de Navidad y su multitudinario Carnaval.

Mercados navideños y carnaval de Colonia.

Otra gran ventaja de vivir en el centro de Europa es que es mucho más fácil viajar. Tanto en tren como en coche, desde que nos mudamos hemos podido conocer diferentes ciudades de Bélgica, Países Bajos, Suiza, Austria, Italia o Croacia sin coger un avión. Además, hemos tenido la suerte de vivir a menos de tres horas en coche/tren de los dos principales eventos deportivos del verano de 2024, como la Eurocopa de Fútbol y los Juegos Olímpicos de París. Sin duda alguna, haber podido ver en directo la victoria de España en la final de Berlín contra Inglaterra es una de las mejores experiencias se esta etapa.

Estadio Olímpico de Berlín y plaza del Museo Louvre.

¿Qué detalles echas en falta de España?

España en sí, no es fácil quedarme con una sola cosa. Echo mucho (pero mucho) de menos la comida, nuestro estilo de vida, y nuestro clima. O bueno, siendo gallego, el clima no es un gran problema, más bien las pocas horas de luz en invierno. No me acostumbro a que se haga de noche a las 4 de la tarde. 

Sin embargo, lo que más echo en falta es a las personas que he dejado atrás. No es un sentimiento ajeno para mí, los gallegos llevamos la morriña incorporada, y ya tuve una experiencia parecida cuando dejé Galicia para pasar 10 años de mi vida en Madrid. Así que, aunque hay muchas cosas “materiales” que se quedan atrás al dejar España, lo más duro es dejar a las personas con la que he compartido mi vida tantos años. Entre ellos, amigos de la universidad y de mi grupo de investigación en la UPM, y sobre todo mis compañeros de Jóvenes Nucleares, la comisión de la SNE en la que más activo he estado, y de Morriña Celeste, una peña celtista de la ciudad de Madrid que los fines de semana me hacía sentir como en casa. 

Y he dejado para el final lo más duro de todo, la familia. Como decía antes, no es una sensación nueva, ya que me fui de casa con 19 años. Y aunque no sea tan diferente tenerlos a tres horas en tren que, a tres horas en avión, cada vez me cuesta más el momento de irme cuando voy a visitarlos. Pero bueno, qué le voy a hacer. Como dice Rosalía de Castro en Follas Novas, “Eu son da terra onde a morriña é a nai dos pensamentos”.

¿Invitarías a los jóvenes y no tan jóvenes a que amplíen su horizonte profesional fuera de nuestras fronteras?

¡Por supuesto que sí! Trabajar en el extranjero es una experiencia increíblemente enriquecedora. Te abre la mente de formas que no imaginas porque estás en contacto con formas de trabajar y de pensar completamente distintas. Además, el cambio acelera muchísimo tu aprendizaje: los primeros meses fuera son impresionantes por todo lo que puedes absorber, desde cómo es el día a día a cómo se afronta y estructura el trabajo de un proyecto.

Algo que me sorprendió mucho al trabajar fuera es cómo los problemas se abordan de maneras diferentes según la cultura. Por ejemplo, con el tiempo me di cuenta de ciertas tendencias entre cómo abordan los problemas profesionales de Asia, Europa o Norteamérica, y entender esas diferencias culturales ha sido súper enriquecedor, tanto a nivel profesional como personal.

Eso sí, creo que hay que tener en cuenta la situación personal de cada uno antes de tomar una decisión así. Cambiar de país puede ser duro a veces, y se lleva mejor si tienes estabilidad familiar/emocional. Pero si en algún momento sientes que tu situación te lo permite, yo te animaría sin dudarlo. Es una aventura que realmente merece la pena y te hace crecer en todos los sentidos.

 

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