Lou Martínez Sancho

DIRECTORA DE TECNOLOGÍA Y VICEPRESIDENTA EJECUTIVA DE I+D DE WESTINGHOUSE NUCLEAR

Textos y fotografías: Lou Martínez Sancho

Lou Martínez Sancho, nueva Chief Technology Officer y Vicepresidenta Ejecutiva de I+D de Westinghouse Nuclear, es egresada de la Universidad Ramon Llull en Barcelona, España. Obtuvo un Master of Science en Fisiología y Biomecánica de la Universidad Pierre et Marie Curie-Paris VI, así como en Factores Humanos de la Universidad René Descartes-Paris V en Francia. Es, además, Master Black Belt Lean Six Sigma, certificada por la Universidad Estatal de Ohio en los Estados Unidos. Lou cuenta con más de 20 años de experiencia en diversas industrias. Ha ocupado puestos de liderazgo en empresas de energía, biotecnología, automoción y arquitectura, ingeniería y construcción. Ha sido Chief Innovation Officer y Vicepresidente Senior de innovación y Desarrollo Durable de Spie Batignolles, Vicepresidenta Global de Innovación en Framatome, así como Vicepresidenta Ejecutiva de Estrategia e Innovación en Kairos Power, con supervisión adicional de los equipos de Suministro y Adquisiciones y Marketing y Comunicaciones.

Actualmente, cursa estudios de Doctorado en la Universidad Cote d’Azur en Francia. Recientemente ha sido nombrada miembro del Governing Board de SNETP, como parte del Grupo de representantes del Sector Privado.
Lou reside actualmente en los Estados Unidos, y lidera el portafolio global de Investigación y Desarrollo de Westinghouse Nuclear, llevando al equipo de Digital e Innovación a la ejecución de la estrategia de innovación tecnológica de productos y servicios de la organización.

¿Cuántos años llevas en tu actual puesto de trabajo, cuáles son tus responsabilidades?

He llegado a Westinghouse hace apenas cuatro meses. Ocupo actualmente el puesto de Chief Technology Officer y Vicepresidenta Ejecutiva de R&D e Innovación. Entre mis responsabilidades se encuentra la gestión del portafolio de Investigación y desarrollo, así como de la estrategia tecnológica de Westinghouse. Uno de mis principales objetivos es posicionar a Westinghouse como líder en la gestión, diseño, operación y mantenimiento de activos energéticos “carbon-free”, a través de la implementación de estrategias innovadoras que proporcionen valor en áreas clave. Desde esta posición, lidero un equipo que busca aplicar tecnologías de vanguardia, como pueden ser: la Inteligencia artificial generativa, el IOT, las plataformas digitales, la simulación, y los materiales innovadores, entre otros; así como fomentar alianzas estratégicas, que nos hagan más competitivos y nos permitan incrementar nuestra oferta de servicios con propuestas disruptivas, enfocados tanto en los nuevos reactores, como podrían ser AP1000, AP300 y eVinci, sin olvidar los servicios para nuestra flota actual en operación.

¿Cuáles son las principales actividades de tu cargo actual?

En línea con las prioridades estratégicas de Westinghouse, mis actividades son la definición e implementación de la estrategia tecnológica para acelerar el acceso al mercado de productos y servicios disruptivos e innovadores, que nos permitan apoyar a nuestros clientes de la forma más eficiente. También incluyen la implementación de procesos de R&D y de innovación “best -in-class” a nivel global en Westinghouse. Uno de mis objetivos inmediatos es el de asegurar que los proyectos de innovación estén alineados con las necesidades de todas nuestras Unidades de Negocio para servir a nuestros clientes. Por supuesto, otro aspecto esencial es el de idear los mecanismos para fomentar de manera continua la cultura de innovación en la empresa.

¿Cuáles son los aspectos más significativos de tu trabajo?

En principio, los conceptos que me vienen a la mente son la transversalidad, la creación de valor, y el apoyo; somos una Dirección cuya misión es dar servicio a todas las Unidades de Negocio de Westinghouse y en consecuencia, servir a la industria nuclear global. Estoy realmente muy entusiasmada por formar parte de Westinghouse. Creo que estamos viviendo un momento histórico increíble en esta organización. Una de las cosas que más valoro es haberme unido a una empresa con más de 100 años de experiencia y conocimiento. En el sector nuclear, gran parte de las plantas alrededor del mundo, cuentan con equipamiento o servicios proporcionados por Westinghouse Nuclear. Y actualmente, nos encontramos en una etapa en la que el impacto de la transformación digital y la transición energética están dando a Westinghouse un enorme impulso para afrontar los retos del siglo XXI. Eso es, en realidad, lo que más me apasiona, afrontar junto con mis compañeros, el reto de mantener a Westinghouse como un líder energético del siglo XXI.

¿Cómo influyó el traslado en tu vida familiar/personal?

Esto va a ser una historia larga, que intentaré resumir de la mejor forma posible. Yo no soy ingeniera nuclear. Siempre digo que yo no elegí este camino, fue la energía nuclear quien me eligió a mí. Y estoy contentísima de que así haya sido, pues ha sido un reto maravilloso con un impacto social increíble, crear tecnologías para la producción de energía de forma masiva, a buen coste, y sin emisión de CO2. Eso tiene un impacto social enorme. Mi motivación ha sido siempre la ciencia, pero con impacto social. Por mis estudios, me fui de España muy joven. Estuve viviendo en Dinamarca, en Francia… Empecé trabajando en la industria farmacéutica, debido a mis estudios en Biotecnología, pero muy pronto pasé al sector de automoción, en el cual estuve durante casi 10 años, para llegar finalmente en 2010 al sector energético, específicamente al nuclear, al incorporarme a Areva.
¿Cómo llegué allí? Muchas veces me han hecho esa pregunta. En aquel momento vivíamos el período conocido como el “renacimiento” nuclear; había una necesidad creciente de energía, de energía limpia, y se esperaba volver a construir reactores nucleares al ritmo que se había experimentado entre los años 70, y 80. Sin embargo, en la primera década de los 2000 se presentaron ciertos problemas de construcción y ejecución en esos nuevos “mega proyectos”, que en cierta forma eran comprensibles, pues no se habían construido centrales nucleares desde hacía más de 20 años en los países occidentales. Entonces, se empezó a buscar a talento de otras industrias; profesionales con un “mindset” más operativo e innovador, que trabajase con tecnologías más disruptivas. Yo mientras tanto, estaba en la industria del automóvil, donde empezábamos a ver oportunidades de transformación; sabíamos que pronto, la mecánica que conocíamos sería parte del pasado, tal y como lo vivimos con los primeros modelos de vehículos eléctricos que llegaron a la fase de comercialización y estábamos en contacto con otros sectores, para formarnos en ese mundo del mañana. Una de esas empresas vino a hablarnos de energía, de nucleares, de renovables… Así fue como entré en contacto con Areva. Tiempo después me llamaron, me dijeron que buscaban crear un equipo con gente experta en operación , y me invitaron a formar parte de esa iniciativa. Mi respuesta fue: “Yo no soy ingeniera nuclear», pero lo cierto es que ese mundo me apasionó. Acepté, y empecé a trabajar en Areva.

Mi familia es una familia híbrida, mi marido es francés, yo soy española y mis hijos son totalmente multiculturales. Hemos vivido en muchos países, en Francia, Italia y Estados Unidos. En Estados Unidos llevamos 10 años, primero trabajando con Areva, y después, tras la escisión entre Areva y Framatome, continué trabajando en Framatome Inc. Estuve también un par de años en la construcción, pero enseguida volví al sector nuclear, pues cuando te has acostumbrado a trabajar en sistemas complejos, en tecnologías con el impacto social que tiene la energía nuclear, es muy difícil abandonar. 

A lo largo de mi carrera, me ha resultado interesante salir regularmente a otros ámbitos e industrias, ya que estas experiencias me han permitido explorar tecnologías que ahora mismo estamos introduciendo en el sector nuclear. Es el tipo de experiencia que te abre la mente, que te permite, como dicen los americanos, pensar “out of the box”. Pero bueno, siempre hay una caja. En nuestro sector, tenemos al regulador nuclear, así como una serie de responsabilidades sociales importantes respecto a la seguridad, que podrían representar una barrera, aunque para mí esas responsabilidades no son un freno a la innovación. Todo lo contrario, cuando se integran desde el inicio los aspectos de la seguridad y la regulación en el proceso de innovación, trayendo además tecnologías que se han desarrollado en otros ámbitos, allí es donde aparece la magia y entonces se puede innovar en el sector nuclear.

¿Qué detalles echas en falta de España?

La familia, los amigos…. Hay que hacer un sacrificio al alejarse de ellos. Tengo una familia maravillosa que siempre me ha apoyado. Ellos conocen el impacto de lo que hago. Lo segundo es la chispa, la picaresca española. Sobre todo, trabajar en I+ D, es una cuestión no solo de medios sino de mentalidad. Y la actitud del español ante las dificultades, eso a veces se echa en falta.

¿Invitas a los jóvenes y no tan jóvenes a que amplíen su horizonte profesional fuera de nuestras fronteras?

100% sí. Hay que hacerlo, este tipo de experiencias te hace salir de tu zona de confort. Viajar te ayuda a descubrir que lo que conoces, tu visión y tu marco cultural, no son únicos, sino que existen muchas perspectivas distintas. Viajar te convierte en una persona mucho más empática, flexible y resiliente. Si estás trabajando en un sector como el nuclear, el hecho de salir resultará muy positivo en tu carrera. Se necesita esa apertura de espíritu y de mente. Es una experiencia enriquecedora, no solo desde un punto de vista técnico, lo cual es evidente, porque una de las cosas más apasionantes de la ciencia es la divulgación del conocimiento. Estar en contacto con otras disciplinas, convivir con otros científicos, eso te hace ser mejor en tu campo de competencia.

Luego está la parte humana, aquella que a veces no percibimos, pero que, cuando desarrollamos una carrera larga, y acumulamos experiencias, nos da aquello que los americanos llaman “soft skills”. Debo decir que en mi opinión, esas habilidades no son tan “soft”, todo lo contrario, son muy complicadas de desarrollar, y muy valiosas una vez que cuentas con ellas. Puedes hacer una gran cantidad de masters o de estudios académicos pero son las experiencias de vida, así como el trabajo con equipos internacionales, multifuncionales, lo que te proporciona el mayor aprendizaje; con cada una de estas experiencias aprenderás algo diferente. 

Cuando vuelves a tu trabajo, aun cuando vuelvas a España y retomes tu vida, siempre llevarás contigo lo aprendido fuera. Crearás además contactos alrededor del mundo. Y de pronto, un día estarás en tu puesto de trabajo, y podrás decir, “voy a llamar a esta persona, que está trabajando en …”, “le conocí cuando trabajábamos en…». El valor de esos contactos, y de las experiencias vividas, es un 100% sí. En mi opinión, debería ser obligatorio pasar mínimo un año o dos fuera, hay muchas formas de hacerlo, los Erasmus, y muchos otros planes internacionales. Los idiomas son otro gran activo, ya que no hay que olvidar que vivimos en un mundo globalizado, y la energía nuclear es una energía globalizada. En este sector, todos nos conocemos, pertenecemos a una gran familia internacional, nuestra familia nuclear.

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