Alberto Gil Cordero

CONTRACT OWNER EN TRACTEBEL EN BRUSELAS (BÉLGICA)

Textos y fotografías: Alberto Gil Cordero

Mi trayectoria comenzó en la Universidad Politécnica de Madrid, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Castellana, donde estudié Ingeniería Química. Desde el principio, me sentí atraído por la energía, aunque fue durante la realización de mi trabajo de fin de grado cuando descubrí un interés más profundo por la energía nuclear. Esta pasión me llevó a continuar mis estudios con un Máster en Ingeniería de la Energía, especializándome en Ingeniería Nuclear.

Durante el máster, tuve la oportunidad de desarrollar mi trabajo final en el SCK CEN, en Bélgica, investigando cómo optimizar las propiedades del ThO₂ para la producción de radioisótopos con fines médicos. Este proyecto representó un momento clave en mi formación: por primera vez trabajé como parte de un equipo de investigación, y gracias a la orientación de mis mentores pude desarrollar la tesis con éxito. Tuve además la fortuna de que el tema despertara interés en la comunidad científica, lo que me permitió recibir reconocimientos a nivel internacional.

Tras esta experiencia, y aprovechando que ya me encontraba en Bélgica, decidí explorar oportunidades profesionales en el extranjero. Entre las distintas posiciones a las que apliqué, la oferta en TRACTEBEL destacó desde el principio, y desde la entrevista con mi actual manager supe que era el siguiente paso ideal en mi desarrollo profesional.

¿Cuántos años llevas en tu actual puesto de trabajo, y cuáles son tus responsabilidades?

Actualmente llevo un año y cuatro meses trabajando en TRACTEBEL en Bruselas como Contract Owner, un rol que sería equivalente en España al de ingeniero EPC, especializado en Nuclear Fuel & Cask. Mi trabajo combina responsabilidades técnicas de ingeniería, selección y gestión de proveedores para proyectos llave en mano, y supervisión de la ejecución en campo. En particular, me encargo del aprovisionamiento de combustible nuclear para Doel 4, de la reparación de combustible usado en Tihange, y además participo en proyectos del departamento de innovación relacionados con combustibles avanzados, cadenas de suministro y nuevos diseños de reactores.

Un día “cualquiera” en la oficina de Tractebel en Bruselas.

¿Cuáles son las principales actividades de tu cargo actual?

En mi día a día combino múltiples facetas, que van desde la ingeniería hasta la innovación. Como mencioné anteriormente, participo en proyectos de aprovisionamiento de combustible nuclear en Doel 4, y he tenido la fortuna de trabajar con ENUSA como proveedor, lo que me ha permitido realizar inspecciones en la planta de Juzbado y colaborar con profesionales españoles de gran nivel, aprendiendo enormemente de su experiencia y ver que empresas españolas son referentes en el ambito internacional.

También he colaborado en proyectos de desmantelamiento nuclear en Bélgica, centrados en el combustible usado, y he tenido la oportunidad de trabajar en entornos únicos: dentro de la piscina de desactivación, observando un reactor en recarga, o incluso dentro de una campana de reparación de barras de control. Asimismo, he participado en estudios de investigación para reactores avanzados, apoyando la cadena de suministro de combustible TRISO y contribuyendo al análisis de seguridad de nuevos diseños de reactores de sales fundidas. Además, he podido involucrarme en estudios de desarollo de negocio, como el análisis integral de la viabilidad de reconvertir una central térmica de carbón en un sitio funcional para futuros SMRs.

En el plano de ejecución, especialmente dentro del proyecto de reparación de combustible usado, trabajé en Tihange como Controlador de Calidad y Coordinador Técnico, supervisando reparaciones complejas de ensamblajes de combustible y coordinando equipos multidisciplinarios en un entorno francófono, con turnos rotativos y algunas campañas nocturnas.

En la central nuclear de Tihange, torre de refrigeración: primer día de la campaña de reparación de combustible.

Esta combinación de responsabilidades me ha permitido desarrollar un enfoque completo, desde la ingeniería conceptual hasta la implementación en campo. Ha sido una experiencia increíble; quien me hubiera dicho, cuando estaba en clase con profesores como Nuria García Herranz u Óscar Cabellos, que podría ver en persona aquello que estudiábamos en diapositivas o en la pizarra

Cuáles son los aspectos más significativos de tu trabajo?

Lo que más valoro de mi trabajo es la transversalidad y la oportunidad de impacto real. No solo estoy involucrado en tareas de ingeniería y gestión contractual, sino que también puedo participar en proyectos de innovación y tecnologías emergentes, algo que normalmente requiere años de experiencia en el sector. Además, trabajar en proyectos críticos para la seguridad y eficiencia de plantas nucleares europeas me ha permitido aprender de manera práctica cómo se integran los aspectos técnicos, regulatorios y operativos. Me considero afortunado de poder combinar el trabajo de campo con la investigación y el desarrollo, y de contribuir a proyectos estratégicos que tienen un impacto directo en la transición energética de Europa. Cada proyecto es un desafío distinto, y esa variedad es lo que hace que cada día sea motivador y formativo.

¿Cómo influyó el traslado en tu vida familiar/personal?

En mi caso, el primer año fuera de España, durante la realización del máster, fue relativamente sencillo. Estaba acompañado de compañeros de la misma universidad y compartíamos la residencia de Boeretang en el SCK, donde vivíamos con otros españoles. Además, mi trabajo en el SCK me permitía viajar con frecuencia a cursos y seminarios especializados, y podía regresar a Madrid aproximadamente una semana cada tres meses, lo que me permitió compaginar de manera bastante equilibrada mi vida académica, familiar y personal.

La familia de Boeretang en abril de 2024 con varios estudiantes de la UPM.

Mi segunda experiencia en Bruselas, ya en el primer año laboral, ha sido completamente distinta. Adaptarse a un entorno profesional nuevo no fue fácil: los días de vacaciones son limitados y, por ello, pasar tiempo en España como me hubiera gustado era complicado, lo que inevitablemente afectó mi vida personal. Además, comencé a participar en las campañas de recarga de combustible en la central nuclear de Tihange, lo que implicó cerca de 80 días desplazado para llevar a cabo la operación. Al inicio, mi nivel de francés era muy básico y el entorno completamente nuevo, lo que representó un desafío adicional.

A día de hoy, me siento muy orgulloso del crecimiento que he experimentado en ese proyecto. Empecé supervisando el control de calidad, y en menos de dos meses asumí el rol de coordinador técnico, gestionando los distintos equipos implicados en la operación. Esta experiencia me ha permitido asumir responsabilidades que muchos ingenieros junior no suelen tener y ha sido clave para mi desarrollo profesional. Además, mi nivel de francés ha mejorado significativamente, y mi crecimiento personal ha sido enorme, gracias también a la colaboración de un equipo fantástico: operadores, dirección de proyecto y todos los contratistas involucrados.

Más allá del trabajo, esta etapa me ha permitido conocer a mucha gente, y relaciones como las que tengo con amigos como Juan y Denis, con quienes compartimos asados y momentos fuera del trabajo, han hecho que la experiencia sea mucho más enriquecedora y llevadera, dejando siempre una sonrisa al final del día.

Con Juan Denis y un par de amigos tras un asado de más de 40 personas.

¿Qué detalles echas en falta de España?

Quizá lo que más se nota al principio es la diferencia en el ambiente social. En Bélgica, la gente puede ser un poco más reservada, y muchas personas de nuestra edad ya están casadas, con casa propia y enfocadas en formar una familia, lo que hace que tiendan a aislarse en su círculo y mantener grupos sociales muy estables, sin demasiada apertura hacia nuevas relaciones.

Verano en Bruselas, compartiendo risas y buena comida con amigos.

Sin embargo, Bruselas también tiene una gran ventaja: es una ciudad extremadamente internacional. Esto hace que tengas la oportunidad de conocer a personas de todo el mundo, con culturas y experiencias muy diversas, lo que enriquece muchísimo la vida social y profesional. La única particularidad es que, debido a la alta rotación de quienes trabajan en organismos internacionales como la OTAN, la Comisión Europea o el Parlamento, muchas de esas relaciones son temporales; es frecuente que después de seis meses o un año esas personas se trasladen a otro destino. Aun así, esa mezcla constante de culturas y experiencias hace que vivir en Bruselas sea estimulante y lleno de oportunidades de aprendizaje, tanto profesional como personal.

¿Invitas a los jóvenes y no tan jóvenes a que amplíen su horizonte profesional fuera de nuestras fronteras?

Completamente, sí. Siendo sincero, al principio no es fácil: salir de la zona de confort nunca lo es. Pero la recompensa es enorme. A nivel personal y profesional, el crecimiento que se experimenta no tiene comparación: tus horizontes se amplían, tus oportunidades se multiplican y aprendes a priorizar tus objetivos y tu carrera de manera mucho más clara, sin que la ubicación geográfica sea un límite.

Cena en casa, disfrutando de la compañía de casi todo el equipo de Fuel & Cask.

Es cierto que se nota la distancia de los tuyos, y que en ocasiones se pierden cosas importantes por el camino, pero al mismo tiempo conoces nuevos amigos, te sumerges en culturas y lenguas diferentes, y te abres a experiencias que jamás habrías imaginado. Cada día se convierte en una nueva aventura, y al final, todas esas vivencias enriquecen no solo tu trayectoria profesional, sino también tu manera de ver la vida.

 

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