El papel de las redes en el nuevo modelo energético

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La transición energética plantea una profunda transformación en la que las redes de transporte tendrán un papel protagonista. Por un lado, serán fundamentales para impulsar la electrificación de la economía consecuente de la descarbonización. Por otro, serán un elemento esencial para evacuar la generación renovable. Pero para desempeñar este papel, las redes tendrán que modernizarse para ser más robustas, más fiables, más interconectadas y más inteligentes.

Esto supondrá importantes inversiones pero también cambios regulatorios para flexibilizar los procedimientos de desarrollo de la red. También será necesario apostar por herramientas como el almacenamiento y las medidas de gestión de la demanda, imprescindibles para flexibilizar la operación del sistema y garantizar la seguridad del suministro.

El sector eléctrico: protagonista en la descarbonización

La transformación que implica la transición energética y alcanzar los objetivos planteados en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima- PNIEC- (21 % de reducción de emisiones, 42 % de renovables en consumo final y 39,6 % de eficiencia en 2030) va a suponer un gran esfuerzo colectivo para la sociedad en general y para el sector eléctrico en particular.

En primer lugar porque del total de reducción de emisiones planteadas por sectores, es al que mayor esfuerzo se le va a exigir: se prevé que sus emisiones no superen las 19,7 MtCO2-eq en 2030, lo que supone una reducción de 48,3 MtCO2-eq (-71 %) frente a las registradas en 2017. Por poner este esfuerzo en contexto, el segundo sector en términos de reducción de emisiones será el transporte, que reducirá sus emisiones en 31,1 MtCO2-eq (-35 %) en el mismo periodo, aproximadamente la mitad que el sector eléctrico en términos porcentuales.

Alcanzar el objetivo de reducción de GEI (gases de efecto invernadero) en el sector eléctrico exigirá el abandono progresivo de la generación con combustibles fósiles (en particular con carbón) y un crecimiento de las tecnologías renovables, cuya contribución en el PNIEC se establece en el 74 % de la generación en 2030.

Por otro lado, el sector eléctrico será imprescindible para vehicular parte de las medidas previstas en el PNIEC en el resto de sectores de una manera eficiente ya que, la generación eléctrica a partir de fuentes renovables ha demostrado ser la vía más eficaz para la reducción de emisiones de forma masiva.

En el caso de España además, si se tiene en cuenta su enorme potencial para generación eléctrica a partir energías renovables, la descarbonización basado en un mix renovable se consolida como la principal herramienta para llevar a cabo la transición energética de manera eficiente.

Si bien el fin último de esta transición energética es la reducción de emisiones de GEI, no se debe obviar la dimensión económica de este proceso, por lo que dentro de la estrategia a plantear se debe velar por conseguir dicho objetivo al mínimo coste y en este sentido, la dificultad de integrar las energías renovables a partir de otras fuentes energéticas obliga a una electrificación del consumo.

Adicionalmente, una economía altamente electrificada combinada con un mix de generación renovable no solo permite la descarbonización, sino que contribuye positivamente a la consecución de otros objetivos como son una mayor eficiencia energética, menores niveles de emisión de partículas y otros contaminantes en entornos urbanos, reducción de la dependencia energética y mejora de la balanza comercial.

 

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