Los siete reactores nucleares españoles en operación volvieron a garantizar el suministro e independencia energética, ya que produjeron electricidad en base, de manera constante y fiable. Casi el 20% de la electricidad consumida en España tuvo origen nuclear, suponiendo el 26,01% de la generada sin emisiones de efecto invernadero. Teniendo en cuenta que su potencia instalada neta es de tan solo el 5,52% del total, la tecnología nuclear volvió a ser la que produjo durante más horas equivalentes a plena potencia.
Los excelentes resultados nucleares del ejercicio 2024 se han conseguido, de nuevo, gracias al compromiso, experiencia e implicación de todas las empresas que conforman la industria nuclear española, así como a la capacitación y dedicación de sus trabajadores.
En el ámbito internacional, es muy relevante la publicación del informe Draghi, que indica que la energía nuclear es un componente esencial para la descarbonización, la competitividad y la garantía de suministro del sistema energético en la Unión Europea. Para ello, recomienda que se extienda el funcionamiento de las centrales actuales y que se acelere el desarrollo de nuevas unidades.
Además, en la COP29 de Bakú (Azerbaiyán), a los 25 países firmantes de la declaración de la COP28 para triplicar la capacidad nuclear global en el horizonte del año 2050 se unieron seis países y durante la Semana del Clima de Nueva York, catorce grandes instituciones financieras mundiales mostraron su apoyo a esta declaración.
También es muy importante la consideración en muchos países de la operación a largo plazo de los reactores nucleares. Así, a finales de 2024, en el mundo había 138 reactores nucleares con autorización para operar durante 60 o más años. En Estados Unidos, donde la mayor parte de sus reactores tienen autorizaciones para 60 años, nueve –algunos de ellos unidades de referencia de las centrales españolas– cuentan ya con autorización para operar durante 80 años.
Sin embargo, España se queda sola y es el único país con centrales en operación que ha planificado cerrarlas a partir de 2027, de tal manera que en 2035 no haya producción nuclear. No parece lógico aferrarse a mantener un plan de cierre establecido en 2019 sin abrir los ojos a la realidad, ya que la situación energética, ambiental y geoestratégica actual difiere radicalmente de la de aquel momento.
Por otra parte, para asegurar su continuidad es necesario una revisión de la asfixiante carga fiscal que soportan, muy por encima de la media europea, y que las hace que sean artificialmente inviables, a pesar del interés de sus titulares por seguir operándolas y de que se encuentran en perfectas condiciones técnicas y de seguridad.
Por ello, es necesario que se establezca un diálogo con el Gobierno para tratar sobre el futuro de la energía nuclear, que será también el de nuestro país, el de la industria y el de todos los ciudadanos.




