Antonio Vayá Soler

ASESOR EN LA ORGANIZACIÓN DE COOPERACIÓN Y DESARROLLO ECONÓMICO (OCDE) NUCLEAR ENERGY AGENCY (NEA)

Textos y Fotografías: Antonio Vayá

¿Cuántos años llevas en tu actual puesto de trabajo, cuáles son tus responsabilidades?

Actualmente, llevo algo más de 5 años trabajando como analista y asesor en innovación tecnológica y economía en la OCDE NEA, con base en París. La OCDE NEA es una organización intergubernamental que asiste a sus países miembros en temas de seguridad, tecnología, ciencia, economía y política nuclear, entre otros. La Agencia actúa como plataforma para el intercambio de ideas y buenas prácticas, acelerando así el desarrollo nuclear en diferentes campos apoyándose en los estudios y análisis que realizamos en la Agencia.

En concreto, trabajo en la división de «Desarrollo de Tecnología Nuclear y Economía», que se encuentra en la intersección de los aspectos tecnológicos, económicos y políticos de la energía nuclear. Mi principal responsabilidad, al igual que la de la Agencia, es asistir a los países miembros en el desarrollo de políticas y estrategias en temas como la operación a largo plazo de reactores en operación, la construcción de nuevos reactores, ya sean de gran potencia o los llamados Small Modular Reactors (SMRs), y sus posibles aplicaciones más allá de la producción de electricidad. En mi día a día, tengo la suerte de trabajar con especialistas del sector nuclear a nivel internacional, provenientes de la industria, la investigación y política, así como con organizaciones internacionales como el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

Cuento con más de 10 años de experiencia en el sector nuclear, tanto en la industria como en organizaciones internacionales. Antes de unirme a la OCDE NEA, trabajé durante 5 años como ingeniero nuclear y responsable técnico en estudios multifísicos y de seguridad para centrales nucleares francesas en Framatome. Me gradué en la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad Politécnica de Valencia, allá por 2012, y realicé un máster en operación de reactores nucleares por la École Centrale-Supelec de París y un MBA por la Université de la Sorbonne.

 

Oficina central de la OCDE NEA en Boulogne de Billancourt, París.

 

¿Cuáles las principales actividades de tu cargo actual?

Mis actividades principales como analista y asesor son esencialmente cuatro, sin considerar la parte administrativa:

Una de las actividades de la que también estoy a cargo y considero más enriquecedora es el análisis de políticas energéticas nacionales que realizamos en colaboración con la AIE. En estos informes analizamos la totalidad del sistema energético y políticas de un país y proponemos recomendaciones y estrategias a seguir por sector. Algunos de los estudios en los que era responsable de evaluar la política nuclear son Alemania, Bélgica y Polonia.

Otra actividad de la que estoy a cargo como analista, y la que mi división ha desarrollado como una experiencia única, es la modelización de sistemas energéticos y análisis de costes íntegros del sistema.

  • Consejo estratégico y apoyo a los comités y management ejecutivo: esta actividad consiste en la elaboración de informes internos, cortos, y sobre temáticas más específicas para apoyar la toma de decisiones. Muchas veces se trata de proponer iniciativas internacionales, destacando su valor en el contexto nuclear actual para los países miembros. Esta actividad también incluye la producción de contenido (presentaciones, discursos) para el management ejecutivo en sus diversos compromisos internacionales.
  • Organización de eventos y coordinador de grupos de trabajo: aquí es donde el motor de colaboración de la Agencia entra en acción. A lo largo de los años, la OCDE NEA ha desarrollado una red extensa de contactos que le permite organizar eventos y conferencias internacionales para intercambiar ideas y recopilar perspectivas en temas donde hay lagunas de conocimiento. Aunque no lo parezca, la organización de este tipo de eventos es una de las actividades más laboriosas y complicadas, en la que entran logística, diplomacia, facilitación, gestión y también análisis. Como suelo decir, es más fácil gestionar informes que personas; sobre todo cuando no tienes ningún vínculo jerárquico con las personas y, además, trabajan para ti por amor al arte y el prestigio que les da la Agencia. En la mayoría de los casos, estoy a cargo de diseñar el evento completamente (mesas redondas, identificación de ponentes, etc.) y producir mucho de su contenido asociado, con lo que el trabajo puede ser considerable.

Otras veces, en particular en estudios complejos, se establecen grupos de trabajo cuya misión es básicamente aportar evidencias para algunos análisis de la Agencia. Este tipo de actividad también necesita mucha preparación, tener intercambios de ideas constructivos y establecer cierto consenso entre los expertos.

  • Comunicación y difusión de resultados: personalmente aquí es donde mejor me lo paso. Esta actividad consiste en viajar y participar en conferencias en las que difundimos los resultados de informes recientes. Junto con la organización de eventos, es una de las actividades donde puedes reforzar la red de contactos de la Agencia y ampliar tu campo de visión y conocimiento charlando con expertos internacionales y respondiendo a sus dudas.

¿Cómo influyó el traslado en tu vida familiar/personal?

Me vine a París hace ya más de 10 años, justo después de acabar la carrera. Mi única motivación era trabajar en la vanguardia del sector nuclear y a ser posible en un país que se estuviera planteado la construcción de nuevas centrales. Para mí la opción de venir a Francia era bastante evidente.

Los dos primeros años fueron algo difíciles pero mi vida profesional se aceleró considerablemente. Después de hacer un nuevo máster en la École Centrale-Supélec no tuve problemas en encontrar prácticas para integrarme en el sector nuclear francés. Una de las mayores dificultades que encontré al principio fue la barrera lingüística. Sentía que no podía dar lo mejor de mí mismo al no dominar el francés lo suficiente como para comunicar mis resultados e interaccionar con los clientes de forma eficiente. Una vez pasado este periodo, todo se hizo mucho más fácil tanto a nivel profesional como personal. Gracias a dominar el francés pude conocer a la que es hoy mi mujer y madre de mis dos hijos, así como hacer nuevos estudios en la Université de la Sorbonne. El acento español siempre estará ahí, pero lo he acabado transformando en mi “marca”.

Cuando ingresé en la OCDE NEA después de 5 años en la industria, el mayor cambio fueron los viajes por motivos de trabajo. Antes de la crisis de la COVID-19 viajaba muchísimo y había periodos en los que podía ausentarme fácilmente un mes. Una locura. Después llegó la COVID-19 y todo cambio. Ahora, muchas iniciativas se han hecho híbridas y los viajes se han reducido bastante. También el teletrabajo se ha convertido en la norma, lo que me viene de perlas con los niños. Aún tengo compromisos que me obligan a ausentarme una semana, pero con la ayuda de familiares y amigos que tenemos en Francia lo llevamos bastante bien.

 

 

¿Cuáles son los aspectos más significativos de tu trabajo?

Quiero pensar que mi trabajo contribuye, en general, a dejar un mundo mejor para las generaciones futuras, ya que influye directamente en las decisiones en materia energética al más alto nivel y, por tanto, tiene un impacto en la lucha contra el cambio climático y el desarrollo económico de los países. Recuerdo un estudio para Bélgica que hice con mis colegas de la AIE, y en el que recomendamos al gobierno belga explorar la posibilidad de extender la operación de dos reactores más allá de 2025 y tomar las medidas necesarias para que la opción se pudiera activar en un tiempo relativamente corto. Al final, siguieron nuestra recomendación, aunque tengo que admitir que la guerra de Ucrania y la crisis energética que siguió influyeron muchísimo en esta decisión.

La OCDE NEA, junto a otras organizaciones internacionales como la AIE y el OIEA, estima que la capacidad nuclear deberá al menos duplicarse de aquí a 2050. Esto representa un desafío colosal que necesitará todo el espectro de soluciones que la tecnología nuclear puede ofrecer (operación a largo plazo, nuevas centrales de gran potencia además de SMR, etc.) así como un mayor diálogo y cooperación a nivel internacional. La OCDE NEA es la plataforma perfecta para este tipo de actividades y su papel va a ser primordial en la realización de estas proyecciones ambiciosas de despliegue de nueva capacidad nuclear a nivel internacional en los países de la OCDE.

También, el potencial que puede llegar a tener la energía nuclear en la reducción los costes íntegros y riesgos de la descarbonización de sistemas energéticos es algo que no se conoce muy bien a nivel político. Parte de mi trabajo incluye la realización de modelos y análisis necesarios para cuantificar estos costes y riesgos, apoyando nuestras recomendaciones con evidencias científicas. Elaborar estas evidencias, y sobre todo difundirlas entre aquellos que tienen que tomar las decisiones, es uno de los aspectos más significativos de mi trabajo. Esto puede ayudar al desarrollo de la tecnología nuclear y, por ende, a tener un mix energético bajo en carbono, que a la vez de asequible, garantice la seguridad del suministro a largo plazo.

¿Qué detalles echas en falta de España?

Lo que más echo en falta, como todo el mundo que está fuera de España creo yo, es la familia y los amigos. Como buen valenciano también echo de menos de vez en cuando el sol, el mar y una buena paella. Viviendo en París, tengo la suerte de que hay vuelos directos París-Valencia y te puedes plantar en España en apenas dos horas. Los abuelos españoles también lo agradecen porque pueden venir a ver a sus nietos fácilmente.

¿Invitas a los jóvenes y no tan jóvenes a que amplíen su horizonte profesional fuera de nuestras fronteras?

¡Por supuesto! y no se arrepentirán, sobre todo si quieren participar en proyectos de gran envergadura como la construcción de centrales nucleares.

El sector nuclear vive unos momentos únicos en su historia y se encuentra en plena efervescencia a nivel mundial impulsado por políticas climáticas y de seguridad de suministro. La crisis energética que estamos atravesando ha hecho de la independencia energética una prioridad en muchos países. Esta situación está llevando a la adopción de políticas que buscan una expansión de las energías renovables, una mayor eficiencia energética, control del consumo del gas, pero también a diversificar el mix energético con uranio. En consecuencia, un número creciente de países se está planteando la construcción de nuevas centrales nucleares.

Por ejemplo, la Alianza Nuclear de países europeos liderada por Francia, estimó recientemente la capacidad nuclear en Europa a 2050 en 150 GW, lo que podría necesitar la construcción de entre 30-45 nuevos reactores. En términos laborales, los empleos que se podrían generar con un plan de tal envergadura se calculan en 450 000 a nivel europeo. Aunque España no forma parte de la Alianza, cuenta con un sector plenamente capacitado para contribuir.

Todo esto para decir que habrá oportunidades únicas en los próximos años para aquellos profesionales del sector que quieran ampliar sus horizontes fuera de España que no se lo piensen dos veces.

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