El pasado 24 de octubre tuvo lugar la última edición de los Jueves Nucleares previo al acto del 50º Aniversario de la Sociedad Nuclear Española. En esta ocasión, La Comisión de Programas de la Sociedad Nuclear Española, en colaboración con Jóvenes Nucleares y el grupo de trabajo del 50 aniversario de la SNE, organizó una charla para mostrar un recorrido por la historia de los últimos 50 años en medicina nuclear y como la evolución de la tecnología nuclear ha repercutido en la evolución de esta rama de la medicina hasta nuestros días. La charla, presentada por Julio Blanco, tuvo por título “50 años de medicina nuclear: aplicaciones de las radiaciones ionizantes en medicina” y corrió a cargo de Carlos Prieto Martín, Jefe del Servicio de Radiofísica y Protección Radiológica del Hospital Universitario de La Princesa.
El ponente, que acudía como tal por primera vez a la SNE, ha sido, además, radiofísico del Servicio de Física Médica del Hospital Clínico San Carlos y responsable del área de Radioterapia, así como autor de más de 100 publicaciones y comunicaciones en el ámbito de la radiofísica hospitalaria. También, Carlos cuenta con experiencia como consultor en diversas organizaciones, como la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, el Ministerio de Sanidad y Consumo, el CSN o el OIEA, habiendo participado, además, en más de 10 misiones como experto del OIEA en el ámbito de la radioterapia. No solo eso, sino que ha participado en proyectos de investigación como MARLIN, ACCIRAD, MARR, MARRTA y miembro de distintos grupos de trabajo de la SEPR y la SEFM en distintas áreas, pero de manera especial en aspectos de seguridad en radioterapia. La dilatada experiencia del ponente pudo ser corroborada por los más de 20 asistentes a la charla, tanto presencialmente como online, y fue testada en un turno de preguntas de casi una hora.
Carlos nos llevó de la mano durante algo menos de una hora por los usos y avances, en los últimos 50 años, de las radiaciones en medicina. Así, comenzó por recordarnos qué entendemos por radiaciones ionizantes y cuántas recibimos debido a la medicina nuclear. Por ejemplo, destacó que las tomografías computerizadas suponen el 24% de la exposición que recibimos, de media y al año, debido a este tipo de pruebas. Por otro lado, Carlos aportó datos muy curiosos sobre la radiactividad, como que entre dos latidos del corazón se desintegran en nuestro cuerpo entre 8.000 y 10.000 núcleos atómicos, o que debido a los alimentos que consumimos, unos 15 millones de núcleos de potasio-40 y unos 7.000 de uranio natural se desintegran en nuestro estómago e intestinos.
El recorrido por la apasionante historia de las radiaciones en medicina comenzó el 8 de noviembre de 1895, con el descubrimiento, por mera casualidad, de los rayos X por parte de Wilhelm Röntgen. Un año después Henri Becquerel descubre la radiactividad y más tarde los esposos Curie descubren dos nuevos elementos radiactivos más radiactivos que el uranio: el polonio y el radio. Todos ellos, laureados con el premio Nobel, vieron en sus días como al principio las radiaciones ganaron buena fama, lo que se tradujo en numerosos inventos y artilugios del día a día que hacían uso de distintos radioisótopos. Aprovechando las aplicaciones con mayor potencial, no mucho más tarde aparecerían los primeros diagnósticos con rayos X y nacerían campos como la Medicina Nuclear Diagnóstica y Terapéutica, la Radiología Intervencionista, la Radioterapia Externa, o la Braquiterapia.
Carlos apuntó que el uso médico de las radiaciones es de lejos el mayor uso de la radiación (más de 10 millones de exposiciones médicas diarias en el mundo) y la de mayor exposición, más del 95% de las exposiciones debidas a fuentes artificiales son exposiciones médicas. Además, afirmó que se realizan aplicaciones médicas de la radiación en todos los países del mundo, “lo que no se puede decir de cualquier otro uso de la radiación, siendo por otro lado los beneficios mucho mayores que los posibles riesgos”.
Siguiendo con la historia de las radiaciones en medicina, Carlos nos llevó 50 años atrás para contarnos el nacimiento de la tomografía computarizada, más conocida como TAC. Fue la discográfica EMI la que creó el Laboratorio Central de Investigación donde en 1971 se procesó la primera imagen de un cráneo a partir de la medida, durante 5 minutos y con un detector puntero, de la cabeza de un paciente en el hospital Atkison Moreley’s. Con ello, Allan M. Cormack y Godfrey N. Hounsfield ganan en 1979 el Premio Nobel de Medicina. Hoy en día, los TACs son no sólo una prueba común, si no más rápidos e incluso con capacidad de visualización tridimensional. Por otro lado, otra técnica como el SPECT, nacía en los años 50 junto al uso de radiofármacos emisores de rayos gamma. En 1962, se comercializa la primera gammacámara y en 1977 comienzan a usarse SPECTs con gammacámaras rotativas. Hoy en día, la técnica ha evolucionado a la conocida tomografía por emisión de positrones (PET-TC).
Carlos nos comentó que en el pasado se realizaban procedimientos de radiología intervencionista, mínimamente invasivos, y guiados por rayos X para diagnosticar o tratar un daño vascular. Hoy en día, estas técnicas se utilizan en tan diversos ámbitos como la Cardiología Intervencionista, la Radiología Intervencionista, la Neurocirugía, o en las áreas de Digestivo, Urología, Cirugía vascular, y en Unidad del dolor. Angioplastias, angiografías, embolizaciones, biopsias, ablaciones por radiofrecuencia, vertebroplastias o radioembolizaciones, son algunos de los términos con los que conviven los radiofísicos actualmente. Por otro lado, hace 50 años la medicina nuclear terapéutica también daba sus primeros pasos, siendo reconocida en 1971 la Medicina Nuclear como especialidad médica en EE. UU. Actualmente, se habla de teragnosis (diagnóstico más terapia) con radiofármacos cada vez más específicos que permiten avanzar en tratamientos médicos cuasi-personalizados. Como ejemplos, el uso de galio-68 en diversos diagnósticos y el del lutecio-177 para tratamiento de tumores de próstata o neuroendocrinos.
Siguiendo este ir y venir de flashbacks y flashforwards, Carlos nos habló de las primeras ‘bombas’ de coblato-60 que llegaron a España, usadas en Radioterapia Externa para el tratamiento de algunos tumores y enfermedades benignas, y como hoy, esos aparatos quedan obsoletos frente a técnicas punteras como la protonterapia. Otro ejemplo, en el campo de la Braquiterapia, es el cómo hace medio siglo se utilizaban fuentes radiactivas selladas (de radio-226 o iridio-192) para tratar tumores, para dar paso más recientemente a técnicas de carga radiactiva diferida.
Pasando por algunas aplicaciones y anécdotas más, Carlos nos avanzó lo que queda por venir. Aplicaciones de la Inteligencia Artificial, el Big Data, o de la impresión 3D, encontrarán su utilidad en la medicina de precisión, personalizada y regenerativa, así como en el novedoso campo de la Telemedicina. Sin embargo, el acceso a estas técnicas, así como a las presentes, no es igual en todo el mundo, habiendo países con serias dificultades para acceder a estas tecnologías.
Por último, Carlos nos comentó que, en España, médicos y radiofísicos se afanan por aplicar las técnicas actuales y futuras con la mayor profesionalidad, prescribiendo sólo los procedimientos necesarios para evitar costes y esperas en los hospitales, así como ansiedad y dosis en los pacientes. Estos últimos además perciben las radiaciones como algo peligroso (Carlos nos compartía que una frase típica durante los procedimientos es ‘’manténgase usted quieto, que le vamos a disparar”), por lo que el lenguaje y la terminología son clave para informar sobre las radiaciones ionizantes en medicina. Así, Carlos concluyó que el diagnóstico y el tratamiento de muchas enfermedades hoy sería inconcebible sin radiaciones ionizantes, que hemos avanzado mucho en precisión y en disponibilidad de equipos y técnicas (avanzando hacia la personalización), que la medicina es cada vez más multidisciplinar y tecnológica y que la justificación es más importante que nunca, así como el acceso en países pobres. La charla acabó remarcando que hemos de cuidar el lenguaje y que la sociedad debe valorar las radiaciones ionizantes y no quedarse en los miedos.




