El efecto evolutivo insospechado tras el accidente de Chernobyl. Adaptación a la radiación de las ranas arborícolas

Las acciones humanas están alterando los ecosistemas en todo el mundo. Entre los contaminantes liberados por el hombre, los altos niveles de radiación ionizante surgen como una amenaza rara pero con peligro potencial para los sistemas naturales. El accidente de Chernobyl (1986) generó una liberación de material radiactivo al medio ambiente. Dicha liberación ha sido superada por acciones humanas, deliberadas y conscientes, en las pruebas nucleares en las islas Marshall. Maveric, Abella et al, descubrieron que allí se encuentran los niveles más elevados de elementos radioactivos como el americio 241, el cesio 137 y dos tipos de plutonio. Se encontraron en las 11 islas donde Estados Unidos llevó a cabo la prueba de la mayor bomba de hidrógeno nunca lanzada en la Tierra. Los isótopos radioactivos descubiertos en aquella zona contienen 1.000 veces más plutonio que el detectado en los dos accidentes nucleares.

El área de exclusión de Chernobyl se ha convertido en un importante centro de estudio para comprender cómo la fauna se adapta y evoluciona en presencia de radiación ionizante. Donde se creía que ya no habría ni un indicio de vida, Germán Orizaola, en un artículo sobre la “fauna de Chernobyl 33 años después del accidente nuclear”, destaca una “ausencia general de efectos negativos de la radiación sobre las poblaciones de animales y plantas”, apunta: “Hemos encontrado además algún indicio de respuestas adaptativas frente a la radiación, como cambios en la coloración de las ranas. Las ranas de la zona de exclusión son más oscuras, lo que podría protegerlas de la radiación”.

Los investigadores Germán Orizaola (Universidad de Oviedo) y Pablo Burraco (Estación Biológica de Doñana-CSIC) examinaron cómo la exposición a la radiación del accidente de Chernobyl influye en la coloración dorsal de la piel de los machos de rana de San Antonio oriental (Hyla orientalis) muestreados a lo largo de un amplio gradiente de contaminación radiactiva en el norte de Ucrania.

Evaluaron la relación entre la coloración de la piel de la rana (que puede actuar como un mecanismo protector contra la radiación ionizante), las condiciones de radiación y los niveles de estrés oxidativo. La coloración de la piel era más oscura en las localidades más cercanas a las áreas con altos niveles de radiación en el momento del accidente, mientras que los niveles actuales de radiación parecían no influir en la coloración de la piel en las ranas de San Antonio en Chernobyl. Las ranas que vivían dentro de la Zona de Exclusión de Chernobyl tenían una coloración dorsal notablemente más oscura de la piel que las ranas de fuera de la Zona. El mantenimiento de la coloración oscura de la piel no se relacionó con costos fisiológicos en términos de condición corporal o estrés oxidativo de los individuos, y no detectaron cambios a corto plazo en la coloración de las ranas.

Se sabe que la coloración oscura protege contra diferentes fuentes de radiación al neutralizar los radicales libres y reducir el daño al ADN y, en particular, la presencia de melanina se ha propuesto como un mecanismo de amortiguación contra la radiación ionizante. Los resultados de este trabajo sugieren que la exposición a altos niveles de radiación ionizante, probablemente en el momento del accidente, puede haber beneficiado a los individuos con una coloración más oscura en las ranas arborícolas de Chernobyl. Se necesitan más estudios para determinar los mecanismos subyacentes y las consecuencias evolutivas de los patrones encontrados por estos investigadores: Germán Orizaola y Pablo Burraco. (DOI: 10.1111/eva.13476).

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