TOÑO PÉREZ

FOUNDER OF THE RESTAURANT ATRIO

Texts: Matilde Pelegrí y Gema Ortiz| Photographs and video: Atrio

 

Con motivo de la 51ª Reunión Anual de la Sociedad Nuclear Española (SNE), celebrada en Cáceres, conversamos con Toño Pérez, fundador del restaurante Atrio, referente mundial de la alta gastronomía con tres estrellas Michelin. Extremeño apasionado, defensor del territorio y del desarrollo equilibrado, Pérez defiende la continuidad de la central nuclear de Almaraz y reivindica el papel de la energía como motor de estabilidad, empleo y futuro para la región. “No se puede hablar de sostenibilidad si no se garantiza la vida de los territorios”, afirma. Desde su cocina, convertida en símbolo de excelencia y compromiso, reflexiona sobre el papel de ingredientes tan imprescindibles como la energía, la cultura y la responsabilidad social.

Almaraz es una de las instalaciones más seguras y eficientes de Europa, y representa miles de puestos de trabajo directos e indirectos

Usted ha defendido públicamente la continuidad de la central nuclear de Almaraz. ¿Por qué considera que es importante para Extremadura?

Porque la central de Almaraz es una de las instalaciones más seguras y eficientes de Europa, y representa miles de puestos de trabajo directos e indirectos. En un territorio donde no hay industria y donde la despoblación es un drama, su aportación económica es fundamental. Somos de los grandes productores de energía de nuestro país. Yo tengo familia trabajando allí y sé perfectamente lo que supone. Estamos hablando de energía limpia, estable y segura, que ha contribuido durante décadas al desarrollo de nuestra región. La central ha permitido que muchas familias se quedaran aquí, que los pueblos de alrededor prosperaran y que se generara un tejido económico estable. Sería un error irreparable cerrar algo que funciona tan bien y que da estabilidad a un territorio que necesita precisamente eso: estabilidad. Almaraz no es solo una planta de producción de energía, es un símbolo del progreso de Extremadura. Y detrás de esa instalación hay personas, familias, formación técnica y empleo cualificado que no deberíamos perder.

¿Cree que el cierre de Almaraz puede tener consecuencias más allá del ámbito energético, por ejemplo, en sectores como la hostelería o el turismo gastronómico?

Por supuesto. Todo está conectado. Cuando una instalación de esa magnitud desaparece se nota en el comercio, en los servicios, en la restauración, en los hoteles… en toda la economía local. Los trabajadores de la central y sus familias son consumidores, vecinos, parte activa de la vida social. Además, la percepción de una región dinámica, con proyectos tecnológicos punteros, atrae inversión, turismo y talento. Si cerramos una instalación emblemática como Almaraz sin una alternativa industrial clara, el impacto La continuidad de Almaraz encaja perfectamente con nuestra visión: mantener la actividad, el empleo y la vida en el territorio será mucho mayor de lo que se piensa. Extremadura necesita proyectos que den estabilidad y futuro, no decisiones que la hagan retroceder.

Si pudiera trasladar un mensaje al Gobierno y a los responsables de la política energética, ¿qué les diría?

Les diría que observen el territorio. Que entiendan que sin energía no hay industria, y sin industria no hay futuro. En Europa muchos países están apostando por nuevas centrales nucleares, incluso con modelos más pequeños y eficientes, mientras aquí se plantea cerrar las nuestras. Es un despropósito. Cerrar Almaraz sería destruir riqueza, empleo y equilibrio. Extremadura no puede seguir siendo un territorio del que se extraen recursos sin dejar nada. Hemos sido generosos con el país, aportando energía limpia durante décadas. Lo justo sería que ahora se nos reconociera ese esfuerzo y se pensara en nuestro futuro. La energía nuclear ha sido —y sigue siendo— una bendición para nuestra región. Representa progreso, conocimiento técnico y orgullo. Ojalá las decisiones políticas se tomen con la mirada puesta en la gente.

La pasada 51ª Reunión Anual de la SNE se celebró en Cáceres. ¿Cómo valora que tuviera lugar en su ciudad?

Es un orgullo. Tener a los profesionales de la energía nuclear aquí, en nuestra casa, es una forma de mostrar apoyo y reconocimiento a un sector que ha sido esencial para Extremadura. Yo, personalmente, me siento muy vinculado a ellos. Les di la bienvenida con todo mi cariño y admiración por el trabajo que realizan.

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