PAULO DOMINGUES SANTOS

PRESIDENT OF THE SOCIEDAD NUCLEAR ESPAÑOLA

Textos: Matilde Pelegrí | Fotografías: Josep Miquel Biarnés y Grupo SENDA

 

Presidir una entidad como la Sociedad Nuclear Española (SNE), con más de 50 años de historia, es para Paulo Domingues Dos Santos tanto un honor como un compromiso conjunto. Y lo asume con optimismo y firmeza, en una etapa marcada por decisiones estratégicas que definirán el futuro energético del país. En esta entrevista muestra su visión actual, centrada en reforzar el papel técnico de la SNE como agente clave en la transferencia de conocimiento, la defensa de la operación prolongada de las centrales y el impulso de la colaboración interinstitucional para asegurar una transición energética equilibrada, sostenible y basada en datos objetivos. Sin olvidarse de hacer una llamada especial a los jóvenes para que vean en el sector una oportunidad profesional con enorme proyección.

Los siete reactores nucleares que tenemos en operación son siete tesoros, un patrimonio a proteger del que disponemos en España, y es difícil entender que no lo estemos viendo así

LA SNE
La Sociedad Nuclear Española inicia un nuevo periodo tras la celebración de la Asamblea General, que ha ratificado el nombramiento de la nueva Junta Directiva, de la que es usted presidente. ¿Qué representa, desde el punto de vista personal, esta elección?
Sin duda, a la vez una gran responsabilidad y un motivo de orgullo. La responsabilidad y el orgullo de representar a los profesionales nucleares españoles que, a la vez, somos los herederos de todo un legado, un patrimonio, que nos han ido dejando los pioneros y todos los que nos precedieron. Presidir la Sociedad Nuclear Española, una entidad con 50 años de historia, es un honor del que espero estar a la altura durante estos dos próximos años. ¿Y desde la perspectiva profesional? Profesionalmente quizás destacaría el reto que supone continuar con el buen trabajo que se ha estado haciendo hasta ahora y, si cabe y podemos, mejorarlo en lo que sea posible. Cuento con una Junta Directiva que me gustaría poner en valor por su compromiso, demostrado desde el primer momento, y su capacidad. Estoy seguro de que sabremos trabajar como equipo, avanzar en los diferentes retos que tiene establecidos nuestra sociedad y consolidar proyectos en los que ya se ha estado trabajando.


UN AÑO PARA RECORDAR

En el último año ha sido vicepresidente, un periodo muy relevante en el que la Sociedad ha celebrado sus cincuenta años de historia. ¿Qué aspectos destaca de este hito, que sitúa a la SNE como una de las sociedades más antiguas -y también más activas- de Europa?
Resulta francamente difícil quedarse con algo, pero quizás si tengo que poner en valor solo una cosa sería, sin duda, a las personas. La Sociedad Nuclear Española, con 50 años de historia ininterrumpida es un claro ejemplo de relevo generacional y, a su vez, de convivencia de diferentes generaciones y perfiles profesionales que dan lo mejor de si mismos, desinteresadamente, para un proyecto común. El trabajo que se realiza desde las diferentes comisiones me parece de un valor incalculable y de una riqueza de perspectivas muy interesante que van desde Programas a Terminología pasando por Técnica, Comunicación, Empleo y Desarrollo, Revista, CORA y CTRA además, por supuesto, de Jóvenes Nucleares y de Women in Nuclear.

En paralelo con estas celebraciones, la Sociedad ha estado muy activa a lo largo de todo el año en la defensa de los profesionales del sector, muy especialmente de la continuidad de la central nuclear de Almaraz. Usted mismo participó en la marcha celebrada hace unas semanas en la zona, sumándose al movimiento “Salvemos Almaraz”, promovido por los Jóvenes Nucleares. ¿Cuáles son las razones para pedir la continuidad de la central extremeña?
Personalmente me gustaría que alguien nos pudiese convencer de lo contrario, que nos diesen razones sólidas, técnicas y argumentadas del por qué cerrar una central como Almaraz. Las razones para la continuidad me parecen tan claras que no nos cansaremos de repetirlas: se trata de una instalación cuyo buen funcionamiento está reconocido a nivel nacional e internacional, contribuye con su producción diaria a la seguridad de suministro y a la generación libre de emisiones y aporta riqueza al territorio en el que se encuentra ubicada. He dicho en anteriores ocasiones y no me cansaré de repetirlo que los siete reactores nucleares que tenemos en operación son siete tesoros, un patrimonio a proteger del que disponemos en España y se me hace difícil de entender que solo en nuestro país y a diferencia de lo que está ocurriendo en Europa y en el mundo, no lo estemos viendo así.

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