Amparo Ponce

GDES FRANCIA

Textos: Beatriz Lamela Pascua| Fotografías y video: Amparo Ponce

Amparo Ponce trabaja desde hace 8 años en GDES, desarrollando desde hace 3  su actividad profesional en su filial francesa. Tras participar en diversos proyectos como ingeniero de I+D+i en el campo de la innovación del sector nuclear, es responsable actualmente de diversos proyectos en la Unidad de Negocio Nuclear en GDES Francia ligados a las fases de operación y mantenimiento: limpieza química, desarrollo tecnológico, descontaminación radiactiva, etc.

Conquense de nacimiento, vive en Marsella, una ciudad rica en cultura, historia, gastronomía y con un agradable clima mediterráneo.

¿Cuántos años llevas en tu actual puesto de trabajo?, ¿cuáles son tus responsabilidades?

Realicé mis estudios de Ingeniería Química en la ETSII (Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial) de Valencia, posteriormente realicé un Máster de Seguridad Industrial y Medio Ambiente, y fue en las prácticas del mismo cuando comenzó mi experiencia profesional en GDES en 2012.

Trabajo en la filial de GDES en Francia desde hace 3 años, aunque mi vínculo profesional con la filial francesa comenzó mucho antes, en mi primer proyecto profesional hace casi 8 años.

Durante los tres primeros años en España, trabajé como ingeniero de I+D+i en proyectos de innovación del sector nuclear. El primer proyecto en el que participe estaba vinculado a la FARN (Fuerza de Acción Rápida Nuclear), equipo propuesto por EDF (Electricité de France) como consecuencia del accidente de Fukushima. El objetivo de este proyecto y todos los ligados a la FARN es el de intervenir en menos de 24 horas en cualquiera de las centrales nucleares francesas, para aportar refuerzo humano y medios materiales en situación de accidente grave, con el objetivo de mantener el mismo nivel de sûreté (seguridad).

Otro de los proyectos de innovación que marcó mi etapa profesional fue la homologación de un procedimiento de limpieza química preventiva de los generadores de vapor (NPGV) y su posterior tratamiento de efluentes. Tras varios años de investigación, los proyectos fueron ejecutados en la central nuclear de Dampierre en 2013, 2015 y 2016. Fue en las dos últimas intervenciones, cuando participé como responsable del laboratorio de seguimiento de análisis y supervisora del proceso de limpieza.

Estas primeras experiencias en el área operacional supusieron un cambio profesional y personal. Por lo que en 2017 decidí trasladarme a Francia, teniendo la suerte de que mi decisión personal coincidía con la apuesta de GDES por desarrollarse e implantarse en el mercado nuclear francés.

Actualmente trabajo como responsable de Proyectos en la Unidad de Negocio Nuclear en GDES Francia. Dichos proyectos están ligados a las fases de operación y mantenimiento: limpieza química, desarrollo tecnológico, descontaminación radiactiva, etc. En todos ellos, el objetivo principal es adaptarnos a las necesidades del cliente aportando soluciones innovadoras.

¿Cuáles son las principales actividades de tu cargo actual?

Como responsable de Proyectos, mi misión principal es que la intervención sea conforme a las necesidades establecidas por el cliente en la especificación técnica, en términos de calidad, rendimiento, costes y plazos.

En mi día a día, trabajo en contacto continuo con nuestro cliente principal EDF, el personal operacional encargado de llevar a cabo los trabajos en las diferentes centrales, los subcontratistas y los proveedores.

En base a los condicionantes, necesidades e información que recibo, trabajo y tomo decisiones para responder a todas las dimensiones del proyecto: a nivel estratégico, financiero, humano, organizacional y técnico…

¿Cómo influyó el traslado en tu vida familiar/personal?

Mi traslado a Francia está ligado a motivos personales y profesionales. Tuve la suerte de que el destino o la casualidad hiciesen que ambos ámbitos de mi vida se encontrasen para avanzar en paralelo. Por lo que, a día de hoy, sólo puedo estar agradecida por esta gran oportunidad que me permite crecer como persona y como profesional.

Vivimos en Marsella, una ciudad rica en cultura, historia, gastronomía y con un agradable clima mediterráneo.

Marsella cuenta con las desventajas de las grandes ciudades que se mueven a un ritmo vibrante y acelerado, con atascos y tráfico. Sin embargo, tengo el privilegio de trabajar en unas oficinas con vistas a la Catedral de la Mayor, situadas en el nuevo centro de negocios de Marsella.

Esto ha supuesto un cambio en mi día a día con respecto a Valencia, ciudad en la que viví 12 años. Aquí el ritmo es más acelerado, pero encuentro el equilibrio los fines de semana. Vivo en una zona residencial, tranquila y a tan solo 2 km del Parque Nacional de Calanques (Calas).

Los días libres los aprovechamos para pasear por Les Calanques y disfrutar del paisaje maravilloso, formado por picos áridos y pedregosos y aguas mansas azul turquesa, es un ambiente paradisíaco que nos llena de energía.

¿Mantienes contacto con otros españoles en Francia?

La verdad es que a parte de los compañeros de trabajo que han venido para realizar estancias en la filial francesa, no tengo contacto con otros españoles. Mi grupo de amigos es francés o de otras nacionalidades, pero entre ellos no hay ningún español.

Sin embargo, es cierto que la probabilidad de identificar a un español cuando salimos es muy alta. Esto hace que se dibuje una sonrisa en mi cara y si el ambiente lo permite, comencemos una conversación. Es una de las cosas que tendré que esperar para volver a vivir, hasta que pase la situación sanitaria que atravesamos.

¿Cuáles son los aspectos más significativos de tu trabajo?

Los principales aspectos son la capacidad de adaptación al cambio y la toma de decisiones ágil en situaciones imprevistas. La realidad diaria de la gestión de proyectos es que el entorno, los requisitos y las necesidades solicitadas por el cliente cambian y los proyectos tienen que adaptarse en todos sus aspectos.

Por otro lado, también hay una estrecha colaboración con el cliente, que nos hace partícipes de sus necesidades, y esto hace que esté muy presente en la fase de preparación de ofertas aportando soluciones innovadoras con valor añadido.

¿Qué detalles echas en falta de España?

Lo que más echo de menos de España, sin duda, son los momentos en familia. Soy la mayor de cuatro hermanas, de una familia muy unida. En casa casi siempre hay barullo y buen ambiente, como dice mi madre: La gente atrae a la gente, y nuestra puerta siempre está abierta para las visitas improvisadas. Aquí, esto no es tan frecuente, toda visita debe planificarse…

Aunque nunca lo hubiera imaginado, aparte de las paellas de los domingos que finalizan con un buen paseo por las tierras áridas de mi pueblo, Ledaña (Cuenca), también echo de menos los momentos de relax y tranquilidad en el campo ayudando a mis padres.

Actualmente, la situación no nos lo permite, pero antes intentábamos escaparnos con bastante frecuencia. Tengo la suerte de que mi marido está 100 % integrado y le encanta venir a España.

¿Invitas a los jóvenes y no tan jóvenes a que amplíen su horizonte profesional fuera de nuestras fronteras?

Sin ninguna duda, invito a todo el mundo a ampliar el horizonte profesional, es una experiencia única y muy enriquecedora. Desde muy pequeña, me inculcaron una educación sin fronteras, he realizado estancias en el extranjero varias veces. La primera de ellas cuando tenía 14 años, y tanto mis hermanas como yo hemos participado en diferentes intercambios con colegios franceses, ingleses, turcos, etc., por lo que en casa somos muy abiertos a otras culturas.

Como mi abuelo decía, que yo viviese fuera de España se veía venir… y sin duda no me arrepiento de mi decisión. Trabajar en el extranjero enriquece, culturiza, abre la mente y fortalece las habilidades sociales creando vínculos con otras culturas.

He de reconocer que al principio no fue fácil, requiere un mayor esfuerzo y compromiso, pero todo a día de hoy todo son beneficios.

 

EN LA MISMA SECCIÓN
Ignacio Prieto Díaz